miércoles, 5 de diciembre de 2007

Problemas emocionales y el rendimiento escolar

UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA PUEBLA

LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA

TESINA

PROBLEMAS EMOCIONALES Y EL RENDIMIENTO ESCOLAR

PRESENTA


KARIME AARÚN LÓPEZ


PUEBLA, PUE 2007


“ÍNDICE”

CAPITULO I
INTRODUCCIÓN
Antecedentes
1 Planteamiento del problema
1.1 Problema de investigación
1.2 Hipótesis
1.3 Objetivos
1.4 Alcances
1.5 Limitaciones

CAPITULO II
2) Rendimiento Escolar
- Definición
- Implicaciones psicológicas
3) Bajo rendimiento escolar
- ¿Qué puede esperarse de un niño en lo que respecta a su capacidad global de aprendizaje?
- ¿Cómo identificar a un niño con bajo rendimiento escolar?
- ¿Cuáles son los factores que más contribuyen para establecer las diferencias entre la capacidad potencial o probable y el rendimiento diario?
4) Causas psicológicas del rendimiento insuficiente
4.1 El rendimiento escolar y la vida emociona
4.1.1 Definición de emoción
4.1.2 Control de emociones
4.1.3 Emociones positivas, emociones negativas

CAPITULO II. LA NIÑEZ
4.2.1 Características
- Bajo nivel de frustración
- Tendencia a la regresión
- El desarrollo de la confianza
- Temor al éxito
- Temor a ser común y corriente

4.2.2 Tipos de niños
- El niño pasivo agresivo
- El niño pasivo-agresivo que con frecuencia se muestra agresivo
- El niño abiertamente agresivo
- El niño mimado
- El niño depresivo
- El niño con dudas internas

4.3 El niño y el núcleo familiar
- Niños en familias disfuncionales
- Padres sobre protectores
- Padres incompatibles
- Padres desafiantes
- Padres autoritarios
- Padres permisivos

4.4 Intervención psicopedagógica para el trabajo de la vida emocional de los niños
4.4.1 ¿Cómo hacer que el niño se interese por el buen rendimiento?
4.4.2 ¿Que deben hacer los padres cuando su hijo es un escolar de bajo
rendimiento?
4.4.2 ¿Que deben hacer las escuelas para ayudar a los niños con bajo
rendimiento?

CAPITULO III. TALLERES
- Taller de motivación (Intrínseca y extrínseca)
- Taller de autoestima
- Taller de sexualidad
- Taller de adicciones
- Taller de la consolidación de la identidad
- Taller de búsqueda de principios y valores
- Taller sobre el desarrollo de la auto-confianza
- Taller sobre el desarrollo del autocontrol
- Taller sobre identificación y expresión de emociones
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA




CAPITULO I
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

“Diamantes esparcidos por el mundo, de una belleza e inocencia incomparables
alegrías son de familias que saben a amar
La ilusión más grande de muchas mujeres que esperan sus nueves florecientes primaveras en sus vientres
Ejemplos de amor y bondad, imitadores por naturaleza, sólo ellos son capaces de ver cada día la belleza de la vida
No saben de problemas ni tristezas, no conocen el odio ni la maldad,
Pero son los que más están expuestos a ella y los que más sufren
Y a pesar de todo sólo piensan en jugar
Ellos sólo saben amar, solamente ellos, diamante del mundo
Saben brillar en la oscuridad”

La infancia es una etapa fundamental en la vida del ser humano, ya que es ahí donde se forman las primeras experiencias de la vida que de alguna manera delimitaran el desarrollo de la persona.

Los padres juegan un papel sumamente importante en esta etapa ya que sus enseñanzas y sus actos serán aprendidos e imitados por lo niños en la infancia. La forma en la que vivan dichos aprendizajes repercutirá en sus vidas futuras al ingresar a la escuela, lo cual se verá reflejado en su rendimiento escolar y en sus relaciones con sus pares.

Se considera que los maestros al igual que los padres desempeñan un papel fundamental en la vida de los individuos durante la infancia, por lo tanto se recomienda que sean estos los que observen la conducta, el desarrollo y el desempeño de los niños, ya que tanto en la casa como en la escuela existen síntomas que deberán ser detectados para canalizarlos con la persona indicada, en este caso un psicólogo.

Las dificultades emocionales y de la conducta en los escolares constituyen un serio y difícil problema tanto para la educación y la salud mental de los estudiantes como para los padres cuyos hijos no logran en la escuela un rendimiento acorde con sus esfuerzos y expectativas.

La mayoría de los alumnos que presentan dificultades emocionales y conductuales poseen leves alteraciones en su desarrollo cognitivo, psicomotor o emocional, sin que necesariamente puedan ser asignados a categorías diagnósticas específicas tales como retardo mental, síndrome de déficit de atención o trastornos específicos del aprendizaje. La duración, la frecuencia y la intensidad con que ocurre la conducta disruptiva son algunos de los elementos que permiten concluir que el alumno presenta un problema.

Las emociones tienen un poderoso impacto en el conocimiento del mundo y las expresiones emocionales se refieren a la experiencia subjetiva del mundo individual. Las emociones motivan nuestras acciones y afectos se interactúa con otras personas y con el ambiente y proveen de sentido las experiencias de vida. Al guiar los pensamientos y acciones, las emociones poseen una función reguladora que ayuda a adquirir los patrones de la conducta adaptativa.

Existen muchas diferencias individuales en cómo las personas expresan sus emociones e interactúan con otros individuos. Muchas son predominantemente felices, contentas, y curiosas. Otras pueden ser a menudo retraídas, tristes y depresivas. Más aún, otras pueden aparecer enojadas, destructivas y desorganizadas.

La mayoría de los niños dan a notar diferentes emociones y actúan dependiendo de la situación y del humor que tengan en ese momento. Cuando un niño es retraído, evita el contacto con otros niños y no muestra interés por aprender la mayor parte del tiempo, lo que puede afectar su desarrollo y su capacidad de adaptación.

De la misma manera, el niño irritable, destructivo y exageradamente agresivo tiene dificultades para establecer apropiadas relaciones interpersonales y para ajustarse a los modelos de conducta requeridos para las actividades normales de la vida diaria.

Las emociones mediatizan la capacidad de adaptarse y de responder a una variedad de experiencias. Preparan al organismo para responder rápidamente a las amenazas del mundo circundante. Asimismo, los psicólogos sociales plantean que las emociones humanas son fundamentales para el apego, la interacción y la función social (Mayne 2001).

La emergencia de distintas capacidades emocionales en los niños refleja importantes diferencias entre la adaptación y el desarrollo. Los niños no sólo desarrollan capacidades y estrategias adecuadas a través de un rango de afectos, sino que también aprenden a confiar en su experiencia emocional para enfrentar los sucesos de la vida.




Antecedentes

Lucart, Liliana (2000) plantea desde un punto de vista clínico y tradicional, que algunos factores psicológicos y sociales aumentan el riesgo estudiantil de bajo rendimiento y de fracaso en la escuela. Plantea que a través del desarrollo de la inteligencia emocional en la comunidad educativa, es posible crear en la escuela factores protectores para un adecuado desarrollo del alumno, lo que favorece el rendimiento escolar.

Según Compas y Oppendisano (2000) la depresión y la ansiedad son reconocidos de salud mental y se consideran como los trastornos emocionales más frecuentes en la niñez y la adolescencia. La prevalencia de los síntomas de ansiedad y de depresión aumenta durante el crecimiento de los niños y adolescentes. La ansiedad y la depresión están asociados con dificultades en el rendimiento escolar y en las relaciones interpersonales. Asimismo, cuando estos problemas se presentan en etapas tempranas del desarrollo, son predictores de problemas similares en la adultez.

En las escuelas se ha descuidado el ámbito psicológico y específicamente el ámbito emocional. Esto es grave ya que al no atenderse esta área seguirán existiendo problemas académicos y personales en los niños, que pueden ocasionar a largo plazo conflictos que afecten a la sociedad. Atender la afectividad del alumno permite ayudarlo de forma personal abarcando diversos aspectos, tales como los emocionales, sociales, personales, entre otros y así favorecer el rendimiento escolar y por consiguiente obtener mayores beneficios académicos.

Dado que la psicología hoy en día juega un papel muy importante, aplicarla en el área educativa puede traer grandes beneficios. La psicología aplicada al ámbito educativo puede ayudar a muchos alumnos a tener una mejor vida, más estable, segura emocionalmente y con las herramientas y habilidades necesarias para tener una vida plena.

Tratar problemas personales y de la vida cotidiana desde el ámbito educativo, es un beneficio que no sólo lo obtiene la persona a la que se trata, también la sociedad se ve beneficiada, ya que al formar personas más capaces y con una estabilidad emocional plena, éstas pueden llegar a ser mejores seres sociales que luchen por sus objetivos sin perder de vista el beneficio común.

1) Planteamiento del problema

El bajo rendimiento escolar es uno de los problemas que más preocupan a padres y maestros. El impacto psicológico para el niño que presenta bajo rendimiento escolar es de sufrimiento y puede dejar secuelas importantes en su desarrollo que pueden afectar a su calidad de vida. Se calcula que un 20% de la población infantil presenta bajo rendimiento escolar. Los costos económicos y sociales del problema son enormes.

De acuerdo con Mayne (2001) las emociones influyen en la capacidad de adaptarse y responder a una variedad de experiencias. Preparan al organismo para responder rápidamente a las amenazas del mundo circundante. Asimismo, los psicólogos sociales plantean que las emociones humanas son fundamentales para el apego, la interacción y la función social.

1.1 Problema de Investigación

¿De qué forma afectan los problemas emocionales en el rendimiento académico?

Preguntas Secundarias

¿Qué factores contribuyen para tener un bajo rendimiento académico?

¿Qué tan grave es la falta de atención en las escuelas en la vida emocional de los alumnos?

¿Qué se puede hacer para ayudar a los niños en la escuela con la vida emocional?

¿Qué se puede hacer para ayudar a los niños con bajo rendimiento académico?

1.2 Hipótesis

Los niños con problemas emocionales y con falta de atención en esta área tendrán un bajo rendimiento escolar.

1.3 Objetivos

- Identificar las consecuencias de los problemas emocionales de los niños en su rendimiento escolar.
- Identificar las consecuencias de los problemas emocionales de los niños en la vida personal.
- Conocer los factores que predominan en los niños para tener bajo rendimiento escolar.
- Identificar las estrategias psicológicas más adecuadas para resolver dichos problemas emocionales en el ámbito escolar.

1.4 Alcances
- La investigación se enfocará en niños
- Tratará temas psicológicos, fisiológicos, sociales y pedagógicos
- Se dará gran importancia al tema de las emociones

1.5 Limitaciones
- No se hablara de las formas de castigos que existen en las escuelas
- No se trataran temas del sistema que manejan las escuelas
- No se dará gran importancia a los maestros y su capacitación




CAPITULO II
RENDIMIENTO ESCOLAR
- Definición

El rendimiento escolar es el nivel de conocimiento de un alumno medido en una prueba de evaluación. En el Rendimiento Académico intervienen además del nivel intelectual, variables de personalidad como: extroversión, introversión, ansiedad y motivacionales, cuya relación con el mismo no siempre es lineal, sino que ésta modulada por factores como nivel de escolaridad, sexo, aptitud, entre otros (Cortés, 2001).

Se puede decir que la evaluación del rendimiento escolar en el proceso de enseñanza aprendizaje es el acopio sistemático de datos cuantitativos y cualitativos que sirve para determinar los cambios propuestos en los objetivos de aprendizaje.

La medición determina el grado en que el estudiante posee ciertas características, su propósito es la descripción cuantitativa, de tal manera que la evaluación de juicios de valor sobre la característica medida que conducirá a tomar decisiones y el rendimiento un indicador de éxito de cierta actividad de aprendizaje pasado. La evaluación del rendimiento escolar consiste en emitir un juicio del rendimiento del alumno a partir de una calificación.

De acuerdo con Retana (2002) El Rendimiento escolar es el nivel de conocimiento expresado en una nota numérica que obtiene un alumno como resultado de una evaluación que mide el producto del proceso enseñanza-aprendizaje en el que participa.

Según Ruiz (2004), el Rendimiento escolar es alcanzar la máxima eficiencia en el nivel educativo donde el alumno puede demostrar sus capacidades cognitivas, conceptuales, aptitudinales y procedimentales.

Según Rodríguez (2005) el Rendimiento escolar se convierte en la variable fundamental de la actividad docente. En función de él, se programan los objetivos, contenidos y actividades de cada periodo escolar. El Rendimiento escolar es la resultante del complejo mundo que envuelve al estudiante: cualidades individuales (Aptitudes, capacidades, personalidad), su medio socio-familiar (Familia, amistades, barrio), su realidad escolar (Tipo de centro, relaciones con el profesorado, compañeros ó compañeras, métodos docentes) y por tanto su análisis resulta complejo y con múltiples interacciones.

De acuerdo con Fernández (1999) el rendimiento escolar generalmente es evaluado, se puede medir a través de calificaciones escolares, o en términos de bien y mal. Se tiene que considerar que el rendimiento escolar además de que es un tipo de medición, también intervienen otras variables que influyen en este como el nivel intelectual, personalidad (extraversión, introversión, ansiedad, etc.) y aspectos motivacionales, así como nivel de escolaridad, sexo y aptitudes.

- Implicaciones psicológicas

Las implicaciones psicológicas que tiene un niño con bajo rendimiento escolar son diversas, ya que cada persona reacciona de manera diferente ante la misma situación, por lo tanto no se puede generalizar, pero de acuerdo a una media, las implicaciones psicológicas causadas por el bajo rendimiento escolar son las siguientes:

Baja autoestima

La autoestima es importante porque es la manera de percibirse uno mismo y valorarse, como así también moldea la vida. Una persona que no tiene confianza en sí misma, ni en sus propias posibilidades, puede que sea por experiencias que así se lo han hecho sentir o por mensajes de confirmación o desconfirmación que son trasmitidos por personas importantes en la vida de ésta, que la alientan o la denigran.

Otra de las causas por las cuales las personas llegan a desvalorizarse, es por la comparación con los demás, destacando de éstos las virtudes en las que son superiores, por ejemplo: sienten que no llegan a los rendimientos que otros alcanzan, creen que su existencia no tiene una finalidad, un sentido y se sienten incapaces de otorgárselo, sus seres significativos los descalifican y la existencia se reduce a la de un ser casi sin ser. No llegan a comprender que todas las personas son diferentes, únicas e irrepetibles, por lo que se consideran menos que los demás.

El niño, va creciendo y formando su personalidad dentro del ambiente familiar, que es el principal factor que influye en la formación de la misma, ya que le incorpora a ésta los valores, reglas y costumbres que a veces suelen ser contraproducentes. Algunos de los aspectos ya mencionados son incorporados, a la familia, por medio del modelo que la sociedad presenta, y éste es asimilado por todos los grupos sociales. Pero, la personalidad de cada uno, no sólo se forma a través de la familia, sino también, con lo que ésta cree que los demás piensan de ella y con lo que piensa de sí misma, al salir de este ambiente y relacionarse con personas de otro grupo diferente.

Agresividad

La agresividad se puede definir como una pulsión vital, como esa energía que se lleva dentro y que es necesaria para sentirse vivo. Por lo tanto, es bueno tener cierto grado de agresividad y saber expresarla de forma adecuada para vivir.

El problema aparece cuando esa energía se presenta en el exterior y en los demás de forma negativa. Es decir, cuando se produce un exceso de impulsos agresivos descontrolados y se hace un mal uso de ellos.

En los niños desde muy temprana edad ya se manifiestan ciertas conductas agresivas en forma de celos, envidia, enfado, fastidio, desobediencia, entre otros. Lo que suelen pretender a través de estas conductas es obtener algo, impresionar al otro, conseguir llamar la atención de los demás, liberar la tensión que llevan dentro, etc.

La mayoría de los niños agresivos no sabe responder a situaciones comprometidas y problemáticas de otra forma que no sea agresivamente. Esto es debido a que no han aprendido a responder de forma adecuada a estas situaciones, carecen de esas conductas necesarias y de respuestas adecuadas a cada situación.

La agresividad bien encauzada dejará de tener una connotación negativa para convertirse en positiva. Lo importante, por tanto, no es que la agresividad desaparezca totalmente de la personalidad de niño, sino de prevenir ciertas tendencias a al violencia y a la agresividad exagerada.
Existen ciertas pautas que ayudan a canalizar la agresividad y utilizarla en beneficio del niño y esto se puede tratar desde la escuela.





Depresión

La depresión es más que sentirse triste o tener un día malo. Es diferente a los sentimientos de la pena o la tristeza que provienen de una pérdida mayor, tal como una muerte en la familia. No es una debilidad personal ni un desperfecto de carácter.

Los niños y los jóvenes con depresión clínica no pueden simplemente “acabar con su depresión”. La depresión es un problema grave de la salud que afecta los sentimientos, los pensamientos y las acciones, y puede aparecer como una enfermedad física.

La depresión clínica es uno de los trastornos mentales, emocionales y conductuales que pueden aparecer durante la niñez y la adolescencia. La depresión en niños puede llevar al fracaso en la escuela, el uso del alcohol u otra droga, e incluso el suicidio.


2) Bajo rendimiento escolar

- ¿Qué puede esperarse de un niño en lo que respecta a su capacidad global de aprendizaje?

Primero, se debe determinar la capacidad potencial general del niño para aprender, en palabras más simples se debe de investigar si el niño esta libre de tensión, tiene confianza en si mismo y tiene maestros razonablemente buenos para poder partir de la pregunta ¿Qué tan bien se debe esperar que trabaje en la escuela?

A menos que exista una brecha considerable entre su capacidad potencial y su desempeño corriente, no se puede hablar de un problema educativo, a pesar de cuáles sean las calificaciones, pues si posee una mediocre capacidad potencial de aprendizaje, las calificaciones escolares deben ser mediocres, esto no significa que los padres no deban tratar de dar a un niño “mediocre” la mejor educación posible y tampoco significa que tenga un rendimiento insuficiente.

Es posible formarse una idea potencial de una persona mediante la inspección de ciertos aspectos de su desempeño en diversas pruebas, especialmente en ciertas secciones de una prueba de inteligencia. Sin embargo la capacidad potencial no sólo se conoce por el valor C.I.

El cociente de inteligencia es una cifra que resume de forma conveniente la capacidad general de funcionamiento en una gran variedad de actividades con respecto a otros individuos de la misma edad. Por esta razón, el C.I. es en esencia una cifra comparativa. Es útil, porque con ella se puede predecir una amplia gama de comportamientos y porque permanece relativamente estable con el paso del tiempo.

El C.I. es una cifra-resumen, es un promedio y como tal es sólo valor C.I. No basta par medir las potencialidades con precisión. El evaluador capacitado, en este caso el psicólogo examina primero el desempeño del niño en ciertas partes de la prueba de inteligencia.

La tensión emocional no afecta ciertas aptitudes, tales como el razonamiento general y la capacidad para abstraer ideas generales de algunos ejemplos en la misma medida que otras aptitudes intelectuales, tales como el alcance de atención inmediata. De este modo, la producción comparativa de los niños en estas áreas proporciona grados aproximados de aptitud potencial.

Las calificaciones cuantitativas no impresionarán al psicólogo por sí mismas, pero atraerán su atención hacia la calidad de la producción. Una de las respuestas que se puedan dar mostrará mayor nivel de creatividad e inventiva.

En las pruebas de personalidad se examinarán el alcance y la profundidad de los intereses, la facilidad de las facultades de asociación, entre otras. Al examinar el desempeño de un niño en gran variedad de actividades a las que la tensión no afecta significativamente se puede formar una idea de la capacidad intelectual potencial del sujeto y de la forma en que éste trabajaría si no se viera afectado por una tensión excesiva.

- ¿Cómo identificar a un niño con bajo rendimiento escolar?

Si el niño no satisface el nivel que corresponde a su capacidad intelectual, tiene un rendimiento insuficiente. Sin embargo no se le considera capaz de un súper rendimiento si funciona en un nivel superior al que debe esperarse.

Suponiendo que esto sucediera, habría que atribuirlo a que le cálculo clínico fue hecho sobre una base errónea. Existe la posibilidad de que un niño “torpe” tenga una motivación y diligencia extraordinarias. Es posible que un niño tenga un rendimiento compulsivo. En este caso su interés de rendimiento se basaría en un impulso neurótico por la perfección y el trabajo arduo. Sin embargo, el concepto de considerar el sujeto con súper rendimiento como lo opuesto al rendimiento insuficiente carece de sentido.

En este sistema, aun un niño con calificaciones razonablemente buenas puede tener un rendimiento insuficiente. El calificativo de “escolar con rendimiento insuficiente” sólo se aplica cuando el mal rendimiento ha sido crónico (Al menos en todo un periodo escolar). Muy pocas veces el psicólogo ve algo caso de sub-rendimiento, sino hasta que el problema se ha prolongado considerablemente.

- ¿Cuáles son los factores que más contribuyen para establecer las diferencias entre la capacidad potencial o probable y el rendimiento diario?

Existen cuatro áreas extensas que el psicólogo debe investigar al tratar de determinar la razón por la que el niño es un realizador insuficiente, que son:

a) Factores Fisiológicos: Vista, oído, motricidad fina y gruesa, etc.
b) Factores Psicológicos: Adaptación personal, auto confianza, autoestima, etc.
c) Factores Sociológicos: Lugar donde vive, contexto, etc.
d) Factores Pedagógicos: Métodos de enseñanza, Sistema escolar, etc.

Varios investigadores han calculado que los conflictos emocionales causan el 40 al 90 por ciento de los casos de rendimiento insuficiente. De acuerdo a la información investigada se cree que el 90 por ciento es la más acertada, es decir la correcta.

Cualquier niño de quien se sospeche un rendimiento insuficiente debe, además de ver al psicólogo, consultar a un médico, quien de ser necesario, puede remitirlo a algún otro especialista.

Los factores fisiológicos son causa de un número muy reducido de casos de rendimiento insuficiente. A pesar de ello, la evaluación deberá cubrir las áreas siguientes: vista, oído, sistema glandular, estado general de salud y en caso necesario, algunas funciones neurológicas en particular.

El psicólogo deberá también investigar otra área, la sociológica. Los factores sociológicos comprenden aspectos tales como el tipo de medio ambiente que rodea al niño, la importancia que se da a la educación en el hogar, entre otros. En algunos ambientes no se concede mucho valor a la educación y se califica de “afeminados” a los niños estudiosos. Con mucha frecuencia, los niños inteligentes se enfrentan a una serie de desventajas en este tipo de medio social.

Otra de las áreas que debe investigarse es la pedagógica, es decir la concerniente a los métodos de enseñanza. Algunas veces, se educa al niño con métodos inadecuados para él y en ocasiones se le asigna a una clase demasiado numerosa, entre otros factores.


2) Causas psicológicas del rendimiento insuficiente

4.1 El rendimiento escolar y la vida emocional

4.1.1 Definición de emoción

De acuerdo con Melida Pérez (2000) La emoción es un impulso involuntario, originado como respuesta a los estímulos del ambiente, que induce sentimientos en el ser humano y en los animales, y que desencadena conductas de reacción automática. Se dice que la especie humana es considerada capaz de controlar sus emociones de manera consciente.

Una emoción es un estado afectivo que se experimente, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (Fisiológicos y Endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia. Las emociones tienen una función adaptativa del organismo a lo que rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras.

En el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que se utilizan para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en el que se percibe dicha situación.

Durante mucho tiempo las emociones han estado consideradas poco importantes y siempre se le ha dado más relevancia a la parte más racional del ser humano. Pero las emociones, al ser estados afectivos, indican estados internos personales, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos. De todas formas, es difícil saber a partir de la emoción cual será la conducta futura del individuo, aunque puede ayudar a intuirla.

Apenas se tiene unos meses de vida, se adquieren emociones básicas como el miedo, el enfado o la alegría. Algunos animales comparten con los seres humanos esas emociones tan básicas, que en los humanos se van haciendo más complejas gracias al lenguaje, porque se usan símbolos, signos y significados.

Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Algunas de las reacciones fisiológicas y conductuales que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse.

4.1.2 Control de las emociones

Cuando se produce una pérdida de control de la emociones, se desencadena en el sistema límbico del cerebro una reacción antes de que la información llegue a la neocorteza o área del cerebro pensante. La función del sistema límbico es importante en la vida emocional, ya que está ligado con los afectos y las pasiones y asume el control antes de que la parte del cerebro pensante haya tomado una decisión.

Con ello se destaca que el sistema emocional puede actuar sin la participación de la neocorteza, albergando recuerdos e impresiones y efectuando respuestas, de las que no somos plenamente conscientes.

Las conexiones entre el sistema límbico y la neocorteza o área pensante del cerebro, constituyen el centro de gravedad de los conflictos y los acuerdos entre el corazón y la cabeza, entre los sentimientos y los pensamientos. Esta conexión es básica para tomar decisiones inteligentes en la vida emocional. La interrelación del sistema límbico con la neocorteza o área pensante del cerebro, constituye el núcleo neurobiológico de la Inteligencia Emocional.

La memoria, localizada en el área frontal del cerebro, puede ser afectada por estados de ansiedad o de cólera, perturbando su capacidad de retener en la mente datos esenciales para el desempeño de nuestras tareas.

4.1.3 Emociones positivas y emociones negativas

Bárbara Fredrickson (2000) ha abierto una línea de investigación centrada específicamente en las emociones positivas y en su valor adaptativo. Recientemente ha planteado la Teoría abierta y construida de las emociones positivas, que sostiene que emociones como la alegría, el entusiasmo, la satisfacción, el orgullo, la complacencia, etc., aunque fenomenológicamente son distintas entre sí, comparten la propiedad de ampliar los repertorios de pensamiento y de acción de las personas y de construir reservas de recursos físicos, intelectuales, psicológicos y sociales disponibles para momentos futuros de crisis.

Experimentar emociones positivas es siempre algo agradable y placentero a corto plazo y para esta autora, además, tendría otros efectos beneficiosos más duraderos, en la medida en la que ello prepara a los individuos para tiempos futuros más duros.

La alegría, por ejemplo, anima a jugar en el sentido amplio de la palabra, a empujar los límites, a ser creativo (Frijda, 1986) y ello permite el desarrollo y el entrenamiento de habilidades físicas (Fuerza, resistencia, precisión), de habilidades psicológicas e intelectuales (Comprensión de normas, memoria, autocontrol) y de habilidades sociales necesarias para el establecimiento de relaciones de amistad y de apoyo.

Todas estas habilidades, conceptualizadas como recursos, pueden llegar a ser muy valiosas en momentos de escasez y de conflicto, en los que disponer de velocidad, de resistencia, de amigos, de capacidad de innovación, entre otros, puede ser la diferencia entre vivir y morir.

Las funciones de las emociones positivas vendrían a complementar las funciones de las emociones negativas y ambas serían igualmente importantes en un contexto evolutivo.

De acuerdo con Malesta y Wilson (1988) las emociones negativas solucionan problemas de supervivencia inmediatas porque tienen asociadas tendencias de respuesta específicas (La ira, por ejemplo, prepara para el ataque, el asco provoca rechazo, el miedo prepara para la huida), las emociones positivas solucionan cuestiones relativas al desarrollo y crecimiento personal y a la conexión social.

Las emociones positivas propician formas de pensar que reducen el rango de respuestas posibles y las emociones negativas propician formas de pensar que lo amplían.






4.2 La niñez

4.2.1 Características

- Bajo nivel de frustración

El típico niño de bajo rendimiento se frustra con facilidad. No persiste en ninguna actividad por mucho tiempo. Sigue desempeñándola hasta el momento en que las cosas se complican, momento en que renuncia a ella.

Por lo general, inicia muchas actividades, pero termina muy pocas. Muchos niños con excelente índice parecen comportarse así, aunque en ellos, la adaptación no refleja un bajo nivel de frustración. Refleja un interés variado, casi inquieto, por muchas cosas, una fuerte curiosidad natural que comprende una amplia gama de fenómenos.

Tal vez, el niño de bajo rendimiento refleje lo mismo en parte, pues también él es curioso pero en su caso, el desinterés e incapacidad para finalizar una tarea se encuentran relacionados en un bajo punto de ebullición. Para el niño que nunca termina nada, la incapacidad para terminar sus labores refleja la de tolerar la frustración.

Un bajo nivel de frustración significa que la auto confianza y su nivel de resistencia se derrumban ante la perspectiva de un obstáculo, así sea éste de mínima importancia. El niño se desanima, inclusive puede explotar. La calidad del trabajo disminuye y puede abandonarlo enteramente.

Una de las causas principales de la baja frustración consiste en la concepción de una auto imagen rígida e irreal, que no tolera la posibilidad de fracasar. Otro de los motivos del caso se relacionó con el nivel de madurez psicosexual del niño que, por lo tanto, interviene en todo proceso de su ajuste.

El niño no puede tolerar siquiera la posibilidad de fracaso. Exige un éxito instantáneo, pues aun el obstáculo más pequeño le recuerda que puede fracasar totalmente. Este temor es tan intenso que su auto confianza lo abandona cuando existe hasta la más remota posibilidad de fracaso. Esta es la razón por la que el de rendimiento insuficiente se dedica a alguna actividad sólo cuando tiene éxito, por ello, no se interesa sino cuando sabe que puede hacerlo bien.

Los de rendimiento insuficiente al igual que mucho neuróticos, quieren empezar con éxito instantáneo. Les gustaría comenzar por el final. Temen tener que dar los pasos intermedios, los que, además de ser necesarios, constituyen para los demás parte de la diversión. Ellos quieren triunfar inmediatamente.

Cuando son capaces de desarrollar una auto-imagen más realista, cuando dejan de sentir que su sentido del propio valor está en juego en todo lo que intenta, su nivel de tolerancia a la frustración aumentará. Dejará de exigir un éxito instantáneo o “nada”. No sólo será capaz de seguir los pasos necesarios para lograr el éxito, sino que tal vez disfrutará del proceso de conseguirlo.


- Tendencia a la regresión


La definición técnica de la regresión comprende los puntos diferenciales de fijación y las propiedades estructurales de los sistemas biológicos de energía. En este caso, el vocablo se refiere a la tendencia a retroceder hacía pautas de conducta más infantiles en los momentos de tensión.

Quien así retrocede vuelve a los métodos de afrontar las cosas que pudieran ser eficaces y aun adecuados a temprana edad, pero que pueden o no resultar efectivos en la situación actual. Todos tienes ciertas tendencias a la regresión, por lo que el término tendencia a la regresión se reserva para quienes manifiestan una tendencia acentuada y definida.

En la práctica, el término “regresivo” señala las formas infantiles y por lo general ineficaces de tratar la situación actual. Algunos ejemplos de esta conducta regresiva incluyen la reacción de gritar a los objetos inanimados como desahogo de los propios errores, el llorar ante algunas situaciones interpersonales de poca tensión, o bien el comportase en forma infantil y graciosa cuando las cosas no marchan bien.

Las conductas regresivas varían en el grado en lo que son. Por ejemplo se advierte un acentuado grado de regresión cuando un individuo “cierra los ojos” y espera que las dificultades se resuelvan sin su ingerencia. Este tipo de negación es parte de la manifestación de la creencia, muy infantil, de que lo malo desaparecerá por sí solo si se espera pasivamente, creencia que, con mucha frecuencia, se prolonga hasta la vida adulta.

El adulto que utiliza este medio se aparta simplemente de las cosas y espera que los conflictos se resuelven por sí mismos. En su mayoría, las reacciones psicosomáticas son regresivas. El cuerpo refleja o elimina los conflictos que no es posible verbalizar.

La conducta regresiva no sólo se debe a los puntos diferenciales de fijación y aciertos defectos del desarrollo psicológico, el niño de rendimiento insuficiente tiene otros motivos para actuar en forma regresiva. Si las actitudes inconscientes del niño pudieran expresarse en unidades verbales regulares y racionales, dirían algo parecido a lo siguiente:

“Mis padres dicen que no me querrán a menos que produzca y aproveche, pero trato de hacerlo y no puedo. Si no me quieren, me veré en dificultades. Después de todo, mis padres aseguran mi vida. Me sostienen y me protegen. Es importante que me quieran, pero dicen que sólo me querrán si trabajo bien y si soy siempre el mejor ¿Por qué ponen tantas condiciones a su cariño? ¿Por qué me piden eso? Cuando yo era pequeño me querían y yo no hacía nada particularmente bien, me querían sólo por ser bebé. Tal vez un bebé no tenga que cumplir obligaciones, quizá allí este la respuesta. Si yo fuera un bebé me querrían y no me exigirían nada, sería su deber quererme y no me pedirían nada a cambio. No tendría que obtener buenas calificaciones, no tendría ninguna responsabilidad personal” Brickiln, B (1988)

El niño de rendimiento insuficiente adopta sentimientos y pensamientos infantiles al tratar de recuperar y conservar el amor de sus padres. Siente que sólo le dan su cariño cuando responde con buenas calificaciones. Pero el cariño que se da a un bebé es incondicional (En los padres sin problemas patológicos).

Si el niño de rendimiento insuficiente se convierte en bebé, sus padres tendrán que quererlo. Ni siquiera tendrá que preocuparse por obtener buenas calificaciones. Con todo esto, espera liberarse, de muchos problemas, arriesga mucho pero cree que puede ganar mucho también.

Cree recuperar el amor y el apoyo de sus padres, con lo que recuperará su sentido del propio valor y su auto confianza y lo que es más importante, podrá lograrlo en forma pasiva. Así sin darse cuenta de lo que hace conscientemente se convierte en “bebé”.

Poco a poco los padres se dan cuenta de que actúa como tal, en lugar de hablar balbucea, hace berrinches, llora y se pelea más frecuentemente con sus hermanos menores, exige de sus padres mayor atención y más tiempo que antes, en pocas palabras se convierte en bebé en un cuerpo de un niño mayor.

Desafortunadamente, estas maniobras no dan resultado alguno. La conducta regresiva no logra, por lo general, sus objetivos, ya que no consigue ni retiene el cariño paternal. La situación molesta a los padres y los aleja aún más del niño. Esa conducta rara vez es efectiva, crea problemas más serios que los ya existentes. De este modo, cuanto más se intensifican los problemas más se ocurre a la conducta regresiva. Cuanto más proteste el niño, más se apretarán sus ataduras.

La conducta regresiva desaparece si se cumplen cuando menos dos requisitos. En primer término, debe hacérsele ver la ineficacia de tal conducta y en segundo lugar hacérsele sentir seguro del cariño y apoyo de sus padres. Al mismo tiempo reducir esta intensa e irracional necesidad de cariño.

En ciertas ocasiones, la conducta regresiva puede hacer algo a favor a favor de el. Uno de los padres a causa de algún problema personal, se “inclina” por esta conducta infantil. Uno de los padres piensa que una hija o hijo es gracioso cuando actúa en forma regresiva.

El niño a quien se le perdona el trabajo y la responsabilidad independientemente de su conducta, descubre que posee poderosa y temible arma para controlar a sus padres y pronto la utilizará en otras áreas. Los padres descubrirán con miedo que viven con un niño inconmovible.

El padre que se inclina por la conducta regresiva sufre generalmente internos conflictos de personalidad. El padre se encuentra muy asociado al niño, aunque permita que el chico logre sus propósitos, su cariño no es constante ni esta libre de conflictos.

En el caso típico fracasan las maniobras regresivas que adopta, al tratar de asegurarse el amor de sus padres. Los padres antagonizan entre sí y la situación se empeora. Lo que considera una amplia solución a sus problemas, resulta una amplía pesadilla para toda la familia.

- El desarrollo de la confianza

La idea que un niño tenga de su propio valor depende casi por completo de lo que sus padres piensen de él. Adaptará las mismas actitudes para sí mismo que observa en sus padres. Si estos lo quieren, lo admiran y son justos al tratarlo, se tendrá a sí mismo en alta estima.

Se cree que esto significa que nuca se debe corregir o castigar al hijo y no es así. El debe estar sujeto a cierta disciplina para que aprenda el mejor modo de lograr sus objetivos en la vida. Desde temprana edad estará expuesto a grandes peligros físicos, pero si son justos con él, esto no constituirá ningún problema.

Conforme el niño crece, otros factores empiezan a afectar su sentido del propio valor y por consiguiente su confianza en sí. El sentido del propio valor ya no esta directamente relacionado en todos aspectos, a los sentimientos de los padres, aunque para la mayoría, ya sea racional o irracionalmente, éstos son los ingredientes más importantes del sentido del propio valor.

Muchos adultos revelan claramente que, cuando hacen algo bien, se sienten ansiosos de demostrarlo a sus padres, asimismo y por esta misma fuente de aprobación, están ansiosos de ocultar sus errores.

Otras personas y situaciones del mundo del niño empiezan a modificar su sentido del propio valor cuando crece. Entre esos factores se puede encontrar las actitudes de sus compañeros de juego, las actitudes y sentimientos de sus parientes y maestros y las calificaciones y evaluaciones escolares. Más tarde, en el curso de sus vidas, las actitudes de sus jefes y compañeros de trabajo juegan un papel muy importante.

Para muchas personas, el dinero que se gana, el tipo de empleo que se tiene, la posición social dentro de la comunidad, la cantidad y calidad de las posesiones materiales, etc. juegan un papel de gran importancia en su propia valorización. A pesar de ello, ninguno de estos factores es tan importante para el individuo como las actitudes iniciales de sus padres.

Es inevitable que las evaluaciones escolares del niño tengan gran influencia en lo que éste piensa de si. Es natural que el trabajo escolar eficiente produzca sentimientos de alegría, satisfacción y orgullo normal y que realce el sentido del propio valor. Es natural que los padres sientan orgullo por el rendimiento de sus hijos.

La intención no es sugerir que alguien disminuya su ambición de sentirse más cómodo, tampoco se pretende que el niño deba sentirse “libre de fracaso”, sin preocuparse de que su sentimiento del propio valor se destruya en el proceso. Cuando esto sucede, el niño fracasa con menos frecuencia.

Cuando el deseo de éxito sea indispensable para una personalidad con otros rasgos negativos, la capacidad real de aprovechamiento disminuye. El niño ya no se siente libre de cometer errores y su tensión aumenta. Aunque parezca extraño, es verdad que el niño que no se siente que debe aprovechar a toda costa, rinde más que el que se siente desesperado por hacerlo.

- Temor al éxito

Uno de los factores importantes demostrados por Freud se refiere a que la gente no sólo teme al fracaso, sino al éxito también. Este tipo de personas no pueden ganar. La historia puede proporcionar ejemplos de personas que, psicológicamente, no pueden tolerar el éxito. Con frecuencia se lee de algunas personas que se suicidan en la cumbre del éxito y la popularidad, muchas de las cuales estaban psicológicamente petrificadas ante la idea del “éxito”. Estas que temen el éxito no siempre desean fracasar y de hecho se sienten defraudadas y hasta aterrorizadas del fracaso, pero temen al éxito todavía más.

¿Qué factores extraños contribuyen a que una persona se creé dificultades con el fin de evitar el éxito?

Los ejemplos que se pueden encontrar son muy variados. Una famosa cantante de opera renuncio repentinamente a su carrera, en la cumbre de sus facultades vocales y a pesar de su increíble popularidad. Otra estrella de cine se retiro de la vida artística en condiciones muy similares. Famosos hombres de negocios se han suicidado, después de haber paladeado el éxito.

En un nivel más común, hay algunos que sufren una depresión acompañada de tensión, después de haber terminado algo que, por lo general, debería causarles una sensación de victoria.

No se está preparado para explicar aquí la totalidad de estos tipos de reacción, pues no existe una sola explicación para todos ellos. Con frecuencia, el científico o el autor que trabaja durante mucho tiempo para finalizar un proyecto o libro, experimenta una depresión al término de su trabajo, aunque ello no sea necesariamente temor al éxito. Su experiencia es muy similar al luto, al dolor que se siente al perder a alguien que ha sido un compañero constante cercano.

Algo semejante sucede cuando una persona experimenta “dolor” después de terminado un proyecto que había deseado realizar desde su infancia. La terminación del trabajo deja a esa persona con un sentimiento, “Y de aquí, ¿A dónde voy?” Puede llegar a sentir que la vida no significa mucho, pues ha llegado a la “meta de su vida”. Se siente inútil y rechazada, aunque pronto encuentra algo más que se convierte en la “meta de su vida”. La mayoría se recuperan y emprenden nuevas actividades creativas.

Los psicoanalistas denominan el temor al éxito como temor edípico a la victoria. Se puede explicar esto con el ejemplo de una persona que teme al éxito, mentalmente lo equipara con el hecho de aventajar o “superar” a un progenitor temido, aunque amado. Este temor es más frecuente entre hombres que entre mujeres.

Los que sienten este temor, viven preocupados pues pueden superar o “vencer” a sus padres. Temen, inconscientemente, que esta “victoria” motivara una venganza agresiva por parte del padre o que afectara una fuente de apoyo sobre valorada. El hombre o niño que siente este temor se imagina que el padre no consentirá en la competencia y que no dejará una “victoria” sin castigo.

Los analistas creen que la situación “original” de competencia es la que libran padre e hijo por la posesión exclusiva de la madre. El niño llega a sentir que psicológicamente cualquier “victoria” personal equivale a “robar” la madre al padre. Los analistas consideran que el niño o “adulto” reacciona ante esta posibilidad como si, de hecho, el padre castigara físicamente al hijo.

Ya sea que se acepten estas ideas o no, se debe reconocer que no existe rivalidad alguna entre padres e hijos. Muchos padres guardan inconscientemente ciertos resentimientos ocultos contra sus hijos varones, en particular contra el mayor, pues habían considerado a la esposa como de su propiedad exclusiva. Dudan que si el hecho de que ella sea madre cambiará la posición del marido al respecto. En realidad, sienten celos del pequeño recién nacido. Muchos guardan estos celos durante mucho tiempo.

La relación del mismo padre respecto a sus propios padres tiene mucho que ver con la forma como reaccione al tener que compartir al efecto de su esposa con el nuevo hijo. A causa de su inseguridad, muchos son demasiados sensibles con respecto al grado de atención que se concede al hijo y empiezan a notarse inseguros de su lugar ante los ojos de la esposa.

Además, pueden abrigar resentimientos ocultos contra su propio padre y, por ello, sospechar inconscientemente que su hijo siente lo mismo hacia el. Existen muchas razones para la hostilidad emuladora que con frecuencia existe, en grado exagerado, entre un padre y su hijo.

Cuando este tipo de hostilidad es muy intenso, el padre transmite al hijo la idea de que el (el padre) no quiere al hijo como contrincante, el padre le indica que pueden ser amigos tan solo mientras el niño sea dócil y no compita con su progenitor.

Si este niño quiere conservar la amistad con su padre, debe hacerse la promesa de no sobresalir nunca en nada, pues cualquier muestra de excelencia en alguna actividad le recuerda que puede estar “pecando” contra su padre. El niño puede temer que su padre lo castigue físicamente. El niño interpretara cualquier evidencia de éxito como una trasgresión y llega a sentir que su éxito le traerá un enemigo poderoso.

Si tal estado de cosas entre padre e hijo existe en una familia que exige la perfección y el logro, el niño se encuentra realmente acorralado. Por una parte, se espera de el un rendimiento perfecto y, por la otra, una sumisión total ante el padre. El problema continúa hasta que se hace ver al niño y a sus padres que esperan de él dos reacciones diferentes a un tiempo.

Diego, de 8 años, cursaba el tercer año de primaria. Sus padres eran inteligentes, pero desequilibrados. Querían que se mantuviera a la cabeza de la clase en el aspecto académico. El padre era inteligente, pero estaba frustrado, su situación en la vida no estaba de acuerdo con sus considerables talentos “ocultos”, que los demás no tenia la capacidad suficiente para reconocer lo que podía ofrecer al mundo. Mientras mas dependía de su esposa, entre padre/esposo se sentía menos inclinado a compartirla con alguien, si fuera su propio hijo.

Diego percibía que su padre abrigaba hacia el un resentimiento total. Si se acercaba a su madre con alguna petición, por pequeña que esta fuera, si su padre estaba presente, le decía: “Deja de molestar a tu madre”. El padre también se enojaba cuando la esposa estaba algún tiempo con Diego y, si este decía algo, le hacia notar su falta de “verdadera” comprensión.

Resultaba sorprendente, pero este padre no experimentaba resentimiento alguno contra sus otros tres hijos menores. Tenia en Diego un chivo expiatorio, pues solo lo soportaba cuando mostraba sumiso y retraído. El chico aprendió que la única forma en que podía tenerlo contento era adulándolo y cumpliendo sus demandas. Diego llego a tener un rendimiento escolar insuficiente, pues estaba atrapado entre dos fuegos. Su padre le exigía éxito en todo, y, sin advertirlo, le exigía que nunca tuviera éxito. Cuando este libro se estaba escribiendo, Diego como su familia se sometió a un tratamiento psicoterapéutico.

Las niñas pueden temer al fracaso. La situación más similar a la del varón se presenta cuando la niña equipara el hecho de tratar bien con el de ser mejor que su madre. Así, interpreta el buen trabajo como una actitud agresiva contra su madre. Es probable que la hostilidad emuladora “primaria” se manifieste respecto al cariño del padre, aunque la situación de la niña no es exactamente paralela a la del niño.

El motivo principal se halla en el hecho de que la competencia y la agresión tienen papeles diferentes en la vida de las esposas y madres que en las de las esposas y madres que en la de los esposos y padres. La relación que existe entre la madre y cualquiera de sus hijos, varones o mujeres es diferente a la establecida entre padres e hijos.

Un niño teme al fracaso, lo cual resulta bastante desventajoso, pero el temor al éxito es aun más negativo. El que teme tanto al éxito como al fracaso estará en dificultades, pues a pesar de lo que haga, no podrá ganar nunca.

Temor a ser común y corriente

La tremenda importancia que se adjudica al éxito junto con el temor al fracaso, puede producir algunos efectos secundarios un tanto sorprendentes. Uno de ellos es el temor a ser común y corriente. Otro efecto posible seria el desarrollo de la firme convicción de que se debe trabajar “duro” y constantemente para merecer amor. Cuando un niño empieza a sentir que siempre debe trabajar firme, con frecuencia “tirará la toalla” por considerar que si esto es la vida, sencillamente, no vale la pena.

No se pronuncia en contra de la excelencia y el triunfo, cosas que la sociedad premia. La diferencia principal entre los de alto rendimiento y los que no lo son consta de lo que la sociedad considera que debe ser productivo para merecer amor, apoyo y admiración.

Tal vez muy pocos sujetos normales de la sociedad se consideran “simple y sencillamente comunes”, pero el deseo de ser excelente se desperdicia en uno falto de confianza en si mismo, especialmente de la confianza que considere a la aplicación de la inteligencia. El gran deseo de triunfar se desperdicia en las personas que no pueden convertir sus deseos en actividades dirigidas con un propósito definido.

Una de las relaciones entre la auto confianza y el trabajo satisfactorio es circular. Esta debe ser razonablemente firme antes de que se conceda un valor considerable ala excelencia y el triunfo. Al mismo tiempo, gran parte de la auto confianza se deriva de la capacidad de realizar un trabajo que sea aceptable o que esté de acuerdo con la imagen de uno mismo. Si alguien empieza por suponer que se espera de el lo imposible, no desarrollará confianza en si mismo.

Evidentemente, para poder desarrollarla no debe esperar de si mismo lo imposible cuando es joven, es decir en sus años formativos. Debe crecer para que así, el logro sea posible. Este sentimiento no puede crecer si el sujeto empieza por suponer que se le exige perfección, y esto es lo que el mismo se exigirá si sus padres también se lo exigen.

El temor a ser común y corriente que tanto ocurre, es una manifestación más del temor al fracaso y de la firme convicción de que, de no ser “perfectos”, perderán el afecto de sus padres. Asimismo, el temor a ser común y corriente produce ciertos efectos secundarios, interesantes por si mismos.

El temor a ser común y corriente sustenta el rendimiento insuficiente de modo muy particular. Algunos niños temen tanto ser comunes y corrientes que llega a “gustarles” el hecho de que su trabajo escolar no sea muy satisfactorio, pues al menos en estos no lo son.

El problema empieza cuando el niño equipara la idea de lograr un rendimiento excelente con la de ser extraordinario. Siente que se espera de él lo mejor y la intensidad misma de esta idea lo despoja de la posibilidad de sobresalir, aunque persista su deseo de ser excelente. Cuando esto sucede, empieza a gozar secretamente el hecho de realizar un trabajo poco satisfactorio. Por el momento sobresale, aunque en forma negativa.

Este estado de cosas se resume en el diagrama. El número indica que el individuo de rendimiento insuficiente empieza por temer al fracaso en gran parte por la convicción irracional de que su propio valor depende de su capacidad para triunfar y producir a la perfección.

A partir de que siente que debe sobresalir y, naturalmente, su primer impulso es deslumbrar por medio de calificaciones perfectas. La misma intensidad de esta urgencia influye en contra de su realización. Está demasiado tenso y confuso para que sean excelentes. Pero, ¿Y si destaca gracias a malas calificaciones? Así al menos satisfará la parte de su personalidad que lo empuja a sobresalir, pues si obtiene malas calificaciones será diferente de la mayoría de sus amigos.

Freud demostró claramente que las tendencias y deseos opuestos pueden existir simultáneamente en el sistema nervioso del ser humano. Cada anhelo y motivo pueden tener vida propia, aunque parezca olvidar la presencia de los deseos y motivos contrarios.

Aunque el fracaso y el trabajo deficiente perjudiquen ciertas partes de la personalidad del individuo otro aspecto se verá complacido en virtud de las malas calificaciones, puesto que logran que el individuo deslumbre. Como en el caso de las personas que gustan de los dulces y limitan su dieta a sacarina y agua, al menos una parte de la personalidad del individuo se siente gratificado por la “distinción”.

En primer término, estos procesos mentales rara vez llegan a constituir unidades verbales lógicas en la mente del niño. Muchos no llegan a percatarse de que se enorgullecen por trabajo poco satisfactorio. Sin embargo, otros se sienten orgullosos de lo poco que significa para ellos la escuela, se consideran fuertes individualistas.

El niño no se enorgullece de las malas calificaciones por si mismas, sino que trata de engrandecer así su enfoque general de la vida y de no estudiar en particular. ¿Por qué debe conformarse? ¿Por qué debe estudiar? Eso es para las masas, para los borregos. Para un individualista real con una auto confianza básica, el decirse esto es una cosa, y para el temeroso es otra.

En el caso del individualista, el individualismo real surge, al menos parcialmente de algunas creencias sinceras arraigadas en una auto confianza adecuada, y, en el temeroso, es falso. Si alguien siente demasiado temor para perseguir algo, no existe una disculpa mejor que afirmar ese algo no se desea.

Además, esta maniobra hace que un pasivo parezca activo. Las malas calificaciones reflejan “individualismo”. El niño no sólo espera salvar su orgullo herido mediante este truco, sino que también se convierte en héroe invencible. Sus malos hábitos de estudio no se deben al temor y la inseguridad, sino al individualismo puro.

Muchos llegan a desarrollar la firma convicción de que se debe trabajar firme para sobrevivir, lo cual es cierto en el caso de algunas personas dentro de nuestra cultura. La ecuación entre el sentido de valor propio y la capacidad de triunfo también contribuye a sobre desarrollar esta convicción.

El niño llega a creer que la seguridad psicológica es exclusiva de quienes trabajan siempre duramente, también a que el relajamiento es malo. Esto se puede parecer extraño pues, evidentemente, él no siempre parece conducirse de acuerdo con este temor.

La etapa de pereza con la que a menudo se cubre esconde muchos temores ocultos, uno de ellos relativo al relajamiento. La “pereza” no es sino una defensa para ocultar su sentimiento de que la vida es difícil de vivir y de que exige tanta perfección, que mejor es no haber hecho siquiera el primer intento. El hecho de que se diga esto así mismo no significa que lo crea.

4.2.2 Tipos de niños

- El niño pasivo agresivo
El niño pasivo-agresivo desea expresar la ira que siente y los resentimientos originales en el pasado, pero teme el castigo o a la perdida del amor de sus padres si lo hace. El término “pasivo” se refiere al hecho de que el niño, por lo general, no expresa su ira abiertamente, sino en forma secreta y desviada, ya que teme lo que podría sucederle en caso de manifestar su ira y resentimiento de manera franca.

El niño desea ocultar sus intenciones de irritabilidad no sólo a sus padres, sino también a si mismo. Parte de su personalidad no puede tolerar el sentimiento de ira, así que el niño trata de evitar la formación de esos que siempre llegan tarde, el individuo que siempre “remienda” las cosas, el niño que constantemente molesta a sus padres exigiéndoles más atención, el adulto que avergüenza “imprudentemente” a sus amistades, son individuos pasivo-agresivos. No se percatan conscientemente de que su conducta esta destinada a expresar reacciones de resentimiento e ira.

Lo que originalmente comienza como un temor a expresarla abiertamente, se convierte poco a poco en temor de sentirla. Un sujeto puede tener personalidad pasivo-agresiva, pero también puede expresar en ocasiones su ira en forma evidente.

De hecho, los niños pasivo-agresivos muestran reacciones extremas. En su gran mayoría son pasivos y dóciles en cuanto a su comportamiento manifiesto, pero algunos actúan en forma bastante agresivas.

Los manejos pasivo-agresivos son agresividad oculta. Evidentemente, la conducta pasivo-agresiva molesta a quien pretende molestar, pero los no profesionales tal vez no llamen a esto conducta “agresiva”.

El niño pasivo-agresivo hiere precisamente a quien desea, aunque la persona afectada y en la mayoría de los casos tampoco el niño se da cuenta de que así es como “expresa” el resentimiento.

El niño de rendimiento insuficiente sabe inconscientemente que su desempeño inferior en la escuela hiere el orgullo de sus padres. La mayoría de ellos no se percata en forma consciente de que su conducta se motiva en sentimientos de ira que resultan inaceptables.

Los padres no pueden tolerar la ira autentica de su hijo. Cuando este es pequeño, le impiden expresar su ira y resentimiento auténticos, aun cuando no castiguen físicamente al niño, cuando están enojados, le trasmiten su gran disgusto. Algunos padres de los niños de rendimiento insuficiente no prohíben aparentemente las expresiones de ira del niño, sino que lo alientan a expresarla.

El niño de rendimiento insuficiente es neurótico en el sentido de que es demasiado sensible como respecto a los sentimientos de la ira. Sin embargo, este exceso de sensibilidad hace que perdure.

De hecho de no ser por sus temores irracionales, ese niño ni siquiera interpretaría muchas situaciones como dignas de ira. Los incidentes frustrantes que lo inhiben ocurren con mucha frecuencia, ya que el niño de rendimiento insuficiente dispone motivos inconscientes para buscarse dificultades y no pueden soportarlo todo en silencio. Uno de los medios de lo que puede valerse para escapar es la creación y sostenimiento de un problema escolar.

Muy pocos de estos niños tiene una idea clara de que sus malas calificaciones se deben, así sea en parte a los resentimientos internos. Si se pregunta a un típico niño de rendimiento insuficiente, si su intención es expresar ira por medio de su trabajo escolar, seguramente que se recibiría un “no” rotundo o se tendría una actitud de confusión derivada de la pregunta.

Muy probablemente, ese niño negaría por completo semejante posibilidad. El se da cuenta de que sus padres están demasiados preocupados por su bajo nivel de aprovechamiento. Tal vez llegue a manifestar disgusto por esa excesiva insistencia respecto a sus estudios. Puede llegar a decir que sus padres los sermonean sin parar. Puede sentirse molesto por que no lo dejan tranquilo. A pesar de sentirse así, no se da cuenta de que su malestar en la escuela es una expresión directa de un crecimiento e irritación extremos.

El desafío pasivamente expresado por medio del problema escolar no siempre se debe a la presión de los padres con respecto al trabajo académico o a las calificaciones del chico.

La ira y la irritación pueden proceder de muchas otras causas. Una de las fuentes básicas de la ira del niño es el resentimiento que experimenta por la pérdida de su libertad interna, la cual con frecuencia, es el resultado de la incapacidad de los padres para tolerar la expresión de los sentimientos auténticos del hijo, particularmente la ira. De este modo, el problema adquiere permanencia. El niño tiene miedo de ser el mismo, esta insatisfecho de si mismo, y se siente interiormente invalido.

Aunque cuando nada mas se sienta enojado, estará molesto. Considerara que a si mismo debe satisfacer niveles de rendimiento y de conducta poco razonables, lo que constituye otra razón para su enfado. Algo que no se debe olvidar es que su ira no puede manifestarse por medio de los canales ordinarios.

El niño de rendimiento insuficiente tiene medio de ser espontáneo. Estos niños cuando son más pequeños temen a expresar sus verdaderos sentimientos, y puede que lleguen a experimentarlo durante toda su vida. Aprendieron que el expresar sus sentimientos reales no era seguro. Esta es la razón por la que resulta agradable estar en compañía con la mayoría de estos niños. Algunos llegan a sentirse incómodos sin expresar algo que no sea afecto.

Lo curioso es que, después de un tiempo temen expresar afecto autentico. Su disgusto interior hacia sus padres es tan intenso que les resulta difícil sentir afecto por ellos. Su ira interna les produce también sentimientos de culpa y llegan a sentir temor ante la perspectiva de amar a alguien más. Su sentimiento de culpa los hace indignos de cariño. Aun más, los rodea y oprime. Este aspecto del círculo vicioso del rendimiento insuficiente se presenta en cada caso.

- El niño pasivo-agresivo que con frecuencia se muestra agresivo
Los niños que no se sienten impedidos para expresar su ira abiertamente, de hecho, la externan con menos frecuencia que los demás. Esto resulta especialmente cierto en esta sociedad. En algunas sociedades expresar abiertamente la ira resulta aceptable.

Sin embrago, cuando los miembros de estas sociedades “se salen de sus casillas” no expresan ira autentica, sino que realizan un “ritual” sancionado por la sociedad. Los niños inhibidos o temerosos respecto a los sentimientos de ira a menudo externan mas violentamente su sentimiento al “explotar”.

Muchos niños de rendimiento insuficiente se sienten inclinados a gritar sus sentimientos. En este punto consiste la diferencia entre el niño pasivo agresivo permanente y el pasivo agresivo que se extiende en forma violenta y agresiva.

El niño pasivo agresivo que se extiende en forma violenta y agresiva, al ampliarse trata de liberarse de este sentimiento tan temido. Muchos temen al sentimiento constante de ira más que a las consecuencias de la manifestación explosiva. Tratan de contrarrestar con una explosión de incomodidad que acompaña su existencia.

Con mucha frecuencia, la gente cree que con desahogarse lo suprimirá, aunque hace lo que exactamente lo que tanto teme, puesto que desea con desesperación deshacerse del sentimiento que les inspira temor. El actuar en forma irritable en alguna ocasión no arranca el temor a la ira del sistema nervioso, en donde esta arraigado.

El actuar así no reduce las posibilidades del sentimiento en el futuro. Si estos niños no hubieran aprendido a temer el sentimiento de ira, no estarían atrapados en esta situación imposible. Lo mismo sucede con algunos tipos de delincuentes.

La ira aterroriza tanto a estos niños, que hacen cuanto pueden por deshacerse de ella. E incurren así, precisamente, en lo que tanto temen. Esperan equivocadamente lograr dos cosas con sus explosiones de ira, provocar el castigo por parte de sus padres y eliminar por lo tanto el sentimiento de culpa que lo acompaña y deshacerse también del sentimiento de ira. Muchos tratan de eliminar su sentimiento de culpa al provocar y acorralar a sus padres para atraerse un castigo.

Con frecuencia, los padres pueden determinar la ocasión en que sus hijos tratan de comportarse así. El niño cree que si se le castiga y “toma su medicina”, eliminara los sentimientos indeseables. Ninguna de sus esperanzas se cumple. Nadie puede esperar de sus temores ocultos. Mas tarde, aprenden que la tendencia no puede eliminarse mediante el castigo.

- El niño abiertamente agresivo


Una de las diferencias entre el niño pasivo agresivo que expresa ira y desafío abiertamente algunas veces y el niño pasivo agresivo que no lo hace, consiste en que, entre los padres del primer grupo, existe por regla general un padre que manifiesta su ira en forma abierta y arrogante.

Es curioso, pero con frecuencia, el padre que muestra esta actitud es quien se enoja más cuando el niño muestra ira. Este padre esta diciendo a su hijo que fracasara si expresa su ira, y, al mismo tiempo, le proporciona un modelo de agresividad y arrogancia para que lo siga.

Se debe comprender que, básicamente, el niño pasivo agresivo se siente aterrorizado ante el sentimiento de ira. Si lo manifiesta es un insignificante intento de alejar la emoción. Es importante comprender este hecho para ver por que los niños pasivo agresivos, es decir los de rendimiento insuficiente, no pueden “sanar” por el simple hecho de dejarlos que se comporten de forma irritable.

Algunos psicoterapeutas creen que pueden curar a sus pacientes inhibidos al sugerirles que expresen abiertamente su disgusto. Así sus pacientes, además de inhibidos resultan detestables.

Todos los niños pasivo agresivos de rendimiento insuficiente se asemejan en que se valen del trabajo escolar diferente como medio de herir a sus padres. Consideran el rendimiento bajo un medio útil para afectar a sus padres y al mismo tiempo, para castigarse a si mismo por la culpa que acompaña sus inclinaciones agresivas. Para complementar nuestro conocimiento de los individuos pasivo agresivos, mencionaremos algunos otros tipos.

El llamado niño lento, el “haragán” que de hecho es inteligente, pero que nunca actúa rápida y eficazmente, es un individuo pasivo agresivo que estorba a los demás al conducirse lenta e ineficazmente.

Éstos, por lo general, se conducen así solamente en su casa o cuando sus padres o tutores solicitan algo de ellos. Con mucha frecuencia, estos “lentos” no están atrasados en la escuela ni se manifiestan como tales cuando visitan a otra persona.

Entre sus compañeros y amigos pueden mostrarse muy consientes, pero en sus casas son “lentos”. Este tipo de niño también es pasivo agresivo. Expresa su resentimiento en forma desviada. Por regla general, los padres piensan que esta actitud es “graciosa” cuando se presenta por primera vez, por lo que no lo alientan a ser mas eficaz.

Por otra parte, algunos padres reaccionan violentamente al principio ante esta conducta “lenta”. Esto tampoco resuelve el problema, sino que aumenta el resentimiento interno y lo convence de que no debe expresar su ira. De este modo, la motivación pasivo agresiva es mucho mayor. Llega a ser “más lento”, mientras más se le castigue, mayor será su lentitud.

Hay algunos individuos básicamente inteligentes que parecen cometer siempre errores molestos o costosos, o de ambos tipos, en el ambiente de su trabajo. Incurren en equivocaciones que retrasan el trabajo de los demás o cuyo remedio resulta costoso

Como se ha visto, los de rendimiento insuficiente tienen personalidades pasivo- agresivas. Un libro escrito por el Dr. Zygmunt A. Pitrowski y el Dr. Edwin Wagner, confirma este punto. Este libro trata de la predicción de la conducta abiertamente agresiva. Entre los grupos que se analizaron hubo uno formado por niños con problemas de lectura. Estos niños obtuvieron calificaciones de actuación evidentemente inferiores a las del grupo de niños “normales”. Tales resultados revelaron claramente que los de rendimiento insuficiente no pueden expresar abiertamente su resentimiento.

- El niño mimado

El bajo rendimiento es sólo una de las muchas reacciones que se derivan del consentimiento. Se hablará del “niño mimado” únicamente cuando, tiene un bajo rendimiento.

Es importante recordar que no sólo el hacer demasiado o el ser demasiado protectora es lo que caracteriza a la madre sobre-protectora. Esta tiene conflictos psicológicos definidos y la excesiva preocupación se manifiesta por su hijo es un síntoma de ello.

Por lo tanto ¿Qué sucede al niño cuyos parientes no tienen conflictos, pero que simplemente hacen mucho por el? Aquí se ha pluralizado, ya que por lo general la familia es la que lo “mima”. Si una sola persona lo hiciera, tal vez se trataría de alguien sobre-protector, y la palabra “mimado” resultaría demasiado moderada para describir la situación.

Se hablara del que es hijo único en una familia que lo admira con exceso. Nadie dedica mucho tiempo a hacer cosas por él, pero a causa del gran número de personas interesadas en atenderlo casi no tiene oportunidad de hacer algo por si mismo. Cuando todos los parientes han tenido la oportunidad de hacer algo por el todo el estado de alerta del niño se ha consumido.

Cuando esta es la situación, es posible que sucedan dos cosas negativas:

1) Si en realidad se vuelve “mimado”, pocas veces llega a aprender a conducirse en forma consistente. ¿Por qué habría de hacerlo? El buen rendimiento implica esfuerzo, aun en los primeros años de estudio, la escuela exige cierto grado de conformidad, y él no esta preparado para cumplir con esos requisitos.

Siempre ha habido alguien dispuesto a ayudarle, inclusive anticipándosele y satisfaciendo sus caprichos. Sus parientes cumplían todos sus deseos, y satisfacían sus necesidades sin que siquiera lo notara.

El “mimado” puede estar no preparado para cumplir con sus maestros, ni siquiera medianamente. Tal vez realice un trabajo satisfactorio en los primeros años escolares, si es inteligente, ya que en este nivel se requiere muy poco esfuerzo de un niño así. Tarde o temprano, su renuncia a desempeñarse o aplicarse en forma consistente lo sobrepasara. Cuando no puede “captar” fácilmente lo que se le enseña, se atrasa.

2) Ante el nacimiento de un hermanito, este tipo de niño reacciona como si se tratara de una enorme catástrofe. Este hecho causa en realidad dificultades en cualquier familia, pero el niño previamente mimado reaccionó como si el mundo entero se acabara.

Ante el nacimiento del nuevo hermanito el mimado perderá su posición de exagerada importancia en el seno de la familia (aunque es posible que, en realidad, siga siendo el preferid). Su mente experimento este evento como un desastre. La gran diversidad de cambios de personalidad que puede ocurrir ahora están más allá del presente enfoque.

En general, la situación debe manejarse como otro caso en que aparece un niño nuevo en cualquier otra situación familiar. Si este nuevo ser llega cuando ingresa en la escuela o cuando sus tareas escolares se le dificultan, es posible que su reacción sea intensa. Su rendimiento puede bajar sensiblemente.

El niño puede llegar a creer que sus padres lo han traicionado, a guardar un gran resentimiento contra el nuevo y, en general, a sentir que su vida ha sufrido un cambio radical y trágico. En este caso, además de tratar al niño de bajo rendimiento hay que tratar los efectos de la aparición del odiado y reciente rival.

- El niño depresivo

Cualquier niño puede sentirse triste en un momento determinado, pero para recibir el diagnóstico de episodio depresivo mayor debe cumplir los criterios diagnósticos de DSM-IV.
A pesar de que los criterios para diagnosticar un episodio depresivo mayor así como el trastorno distímico son los mismos en niños y adolescentes que en adultos, el cuadro clínico puede variar considerablemente según el nivel de desarrollo del niño.
Por ejemplo, los niños generalmente presentan más síntomas de ansiedad, quejas somáticas, alucinaciones auditivas, rabietas y problemas de conducta. Conforme el nivel de desarrollo cognitivo va progresando, los niños de más edad pueden ser capaces de mostrar componentes cognitivos de su humor y baja autoestima, así como sentimientos de culpa y de infelicidad.
Muchos niños y adolescentes con depresión mayor presentan además otro trastorno psiquiátrico, siendo frecuente que se presenten dos o más trastornos. Los diagnósticos más frecuentes son el trastorno distímico, es decir la llamada “depresión doble”, trastornos de ansiedad y trastornos de conducta.
El trastorno por ansiedad de separación es habitual en niños pequeños. Los trastornos de personalidad, en especial el trastorno borderline de personalidad, son frecuentes, aunque algunos de los síntomas de estos trastornos pueden ser secundarios al trastorno depresivo.
Las relaciones familiares de los niños deprimidos suelen caracterizarse por la existencia de conflictos, maltrato, rechazo, y problemas de comunicación con pobre expresión de afecto positivo y apoyo.
Los padres pueden estar también ellos mismos deprimidos o padecer otros trastornos psiquiátricos u otras enfermedades que condicionen una reducción de la efectividad de la educación de los padres. No obstante, estos problemas en el estilo educativo de los padres pueden ser secundarios a la interacción con un niño deprimido, irritable o desafiante.
Existe suficiente evidencia como para afirmar que experiencias adversas en la infancia (muerte o separación de los padres) incrementan el riesgo de depresión o ansiedad en la edad adulta.

- El niño con dudas internas

Muchos factores psicológicos y constitucionales contribuyen para crear al niño una orientación obsesiva. Se encontró que la madre o el padre dan demasiada importancia al perfeccionismo rígido.

El padre pedante puede causar mucho daño a sus hijos. Es cierto que las personas minuciosas pueden ser eficientes en algunos campos, pero esto va en desventaja suya. Pueden ser perfeccionistas y aun así sus hijos pueden ser escolares de buen rendimiento, pero ello será a pesar de sus esfuerzos y no gracias a ellos.

Los niños perfeccionistas son capaces, por lo general, de desarrollar, hasta cierto punto, un buen trabajo, si se sobrepasa este punto crucial el niño se desploma y la calidad de su trabajo disminuye.

Los padres perfeccionistas tratan de imponer a sus hijos sus propias normas. Una cosa es que un adulto sea perfeccionista y otra muy distinta que el niño se vea obligado a seguir una orientación que se le ha impuesto. Cuando se ordena que lo sea sólo se retarda su auto confianza, y su persecución de la excelencia. El arte de ser eficiente debe desarrollarse en forma gradual y no puede implantarse autoritariamente.

El padre de un niño obsesivo es a menudo sarcástico e inteligente y se haya orientado hace el triunfo. La idea de la “superioridad intelectual” le resulta muy importante, hace que sus hijos varones se sientan intelectualmente buenos y les impone la idea de que sólo se admite el trabajo de calidad superior (en tanto que el es el único que conserva el derecho a definir la superioridad).

En la superficie se hace dócil y sumiso y la importancia de agradar a los varones, particularmente los mayores que representan autoridad, adquiere en su mente una dimensión exagerada. Dedica gran parte de sus energías a idear medios y fantasías para complacer a las figuras masculinas de autoridad y evitar su desagrado.

En los casos más extremos, el niño desarrolla en su personalidad una línea pasiva y sumisa. Pero esto es sólo la mitad de la historia, ya que, básicamente, este niño es obstinado. Le gusta ser victorioso.

Parte de su personalidad ha aprendido que la perfección y la “victoria” son importantes. Constantemente, esta parte de su personalidad que se siente segura únicamente en condiciones victoriosas, está en conflicto con la parte que quiere ser sumisa ante los varones, para ganar y conservar cariño y seguridad.

Este es uno de los dilemas básicos del niño con orientación obsesiva. Se le ordena que sea dócil y sumiso para poder ganar y mantener el apoyo de los padres y al mismo tiempo, se le ordena ser inteligentemente victorioso. Estas dos órdenes son absolutamente incompatibles.

4.3 El niño y el núcleo familiar

- Niños en familias disfuncionales

Se ha llegado a creer que los sistemas familiares abusivos, disfuncionales, menos que nutricios, crean niños que se convierten en adultos co dependendientes. Incluso en lo que se creemos que es un cuidado parental “normal”, haciendo un examen atento, se observa que se dan ciertas prácticas que en realidad perjudican el crecimiento y el desarrollo del niño y conducen a la codependencia. En realidad, lo que se tiende a denominar “cuidado parental normal” muy a menudo no es sano para el desarrollo del niño, es un peor cuidado o abusivo.

Muchas personas creen que la escala del cuidado normal incluye, pegarle al niño con un cinturón, cachetearlo, gritarle, ponerle apodos que lo ridiculizan, llevarlo a dormir a su cama, mostrarse desnudo ante él si tiene más de 4 años. Quizás creen que es aceptable exigir a los niños pequeños que resuelvan por sí mismos sus dificultades, en lugar de proporcionarles un conjunto de reglas de conducta social y técnicas para la resolución de problemas.

Por otra parte ciertos padres creen que, si no se le imponen al niño reglas rígidas, será delincuente. Algunos después de castigar al niño por error, nunca se disculpan con él, creen que disculparse implica debilidad, y por tanto, quebrantar la autoridad paterna.

Hay quienes creen, que los pensamientos y sentimientos de los niños tienen poca validez, porque los niños son inmaduros y necesitan formación. Esos padres, responden a los pensamientos y sentimientos del niño, con frases como “No debes sentir eso”, “No me importa si no quieres ir a la cama, vas a ir y ya”.

Otros, se pasan al extremo opuesto y protegen en exceso a los niños, no permitiendo que éstas hagan frente a las consecuencias de su propia conducta abusiva y disfuncional. Estos progenitores suelen mantener relaciones muy íntimas con los hijos, los usan como confidentes y comparten con ellos secretos que están más allá del nivel de desarrollo del niño. Esto también es abusivo.

Todas las familias se rigen por ciertas leyes, ya sea que sus miembros estén conscientes de ellas o no. Estas leyes dicen: La familia puede ser definida solamente por la interrelación de sus miembros. No por la suma de sus partes.

Todo el sistema opera sobre el Principio de Equilibrio, de modo que si un miembro altera ese orden, otro miembro lo compensará, por ejemplo, cuando hay un padre irresponsable, el equilibrio tenderá a ser compensado por una madre muy responsable.

Todo el sistema tiene reglas. A veces son claras y a veces implícitas. En las familias funcionales las reglas son negociables y están abiertas. En las familias disfuncionales, las reglas son rígidas y cerradas.

Los miembros del sistema desempeñan, diferentes papeles para mantener sus necesidades en equilibrio. En el sistema familiar disfuncional, los papeles son rígidos y estáticos. El elemento fundamental del sistema familiar es el matrimonio o pareja.

Cuando el matrimonio presenta una alteración en la intimidad, surge el principio del equilibrio y la complementariedad. En las familias disfuncionales cuando falta ese equilibrio en la pareja, la energía dinámica del sistema empuja a los niños a crearlo. Por ejemplo, si el papá no está satisfecho con la mamá, dirige su energía hacia su hija para satisfacer sus necesidades emocionales. Entonces se dan hijos “consentidos”, “el niñito de mamá”, “la princesita de papá”, “el hombrecito de la casa”,etc. Es decir los niños se hacen cargo del matrimonio de sus padres y son utilizados para satisfacer las necesidades de ellos, no importa el sexo de los hijos.

Cuando un niño es más importante para uno de sus padres que su pareja, se presentan las condiciones propicias para que surja el abuso sexual o emocional, donde se invaden los límites de los hijos. Es un abuso porque el padre o la madre utilizan a sus hijos para satisfacer sus propias necesidades, en vez de satisfacer las necesidades del niño. Son los padres los que deben satisfacer las necesidades de los niños y no usarlos para satisfacer las suyas propias.

Un niño tiene muchas necesidades, y conforme crece, éstas van cambiando. Cuando estas necesidades no son cubiertas, empiezan a aparecer heridas que se van arrastrando a través de los años.

Muchas veces no sólo no se cubren las necesidades del niño, por ejemplo, el afecto, la aprobación, la aceptación, la identificación, la confianza, la autonomía, la identidad, la iniciativa, la aptitud, el conocimiento, entre otros sino que se abusa de él de diferentes maneras. No se le permite expresar lo que siente, no se le da lo que necesita, y se traspasan sus límites.

- Padres sobre protectores
En psicología, se ha hecho común hablar de los padres “sobre protectores”, termino que, en realidad, resulta desafortunado. El vocablo “sobre protector” se utiliza en lenguaje común para calificar al padre que “agobia” literalmente al niño y que este nunca le permite hacer nada por si solo.

En estos casos, se supone que el hijo no llega a desarrollar fortaleza interna pues se acostumbra a que le hagan todo y, mas aun, no logra desarrollar un sentido claro de identidad independiente. Si el niño cuyos padres son sobre protectores desarrolla un problema de educación se considera que expresa ira y descontento hacia ellos, quien no le da espacio suficiente para vivir.

Los llamados padres sobre protectores no sólo son sobre protectores. En realidad sus inconstancias de sobreprotección alternas con otras de irritabilidad y rechazo. Evidentemente, el niño se siente presionado en sentido negativo, por los contrastes que advierte en la conducta de sus padres. El padre tiene una personalidad errática, en un momento se comporta cariñosamente y muestra preocupación, mientras que, al siguiente, se muestra ansiosa e irritable.

Por lo general, los padres sobre protectores se sienten atemorizados ante sus propios sentimientos de ira hacia el hijo. Adjudica gran importancia a un tipo nervioso de amor y ternura y lo practica hasta que el niño llega a depender de el, como un vicioso, como si tal clase de sentimiento fuera el motivo y fin de su existencia. Los que practican constantemente este tipo de amor y ternura en sus relaciones con el hijo hacen que, eventualmente, este llegue a depender por completo de el.

El niño no puede separar sus propias actitudes de las de el ni puede determinar donde termina y donde debe empezar. A esta dependencia se suman la irritación y la molestia. Las observaciones muestran que el afecto ansioso con que los padres sobre-protectores tratan a sus hijos es un importante agente productor de estados patológicos. Los humores de este tipo de padres son muy variables y tales contrastes de comportamiento producen tanto daño como la sobreprotección.

El hecho de que un padre observe una actitud de rechazo hacia su hijo es particularmente nocivo. Últimamente los “expertos” han dicho que los padres deben estar en libertad de expresar su ira cuando quieran. Los padres también son seres humanos, pero si tal estado de cosas se hace crónico, esos padres deberán pagar un precio muy elevado por sus desahogos.

Seria conveniente que consideraran la diferencia entre la disciplina realista y el rechazo hostil. Los padres no deben evitar la disciplina, aunque el corregir es una cosa y el hacer que el niño se sienta odiado y rechazado es otra. Los niños no hacen mucho caso de las palabras, pero vigilan las expresiones del rostro y el tono de la voz.

Cuando estos “comunicadores no verbales” les dicen: te detesto, eres una molestia y estoy furioso, el niño se siente odiado. Es inútil sermonearlo, como ha sido la tendencia mas reciente, diciéndole “te quiero, pero detesto tus acciones”. Esto no tiene sentido para el niño, cuando puede leer en el rostro y en el tono de voz de sus padres.

Los padres sobre protectores carecen de cierto sentimiento de libertad interna, tal vez una ira intensa, aunque reprimida, con respecto a su propio padre, mezclada con la idea de que su hijo es una prueba por medio de la que se le evalúan ellos mismos constantemente. Les es muy difícil reconocer que su hijo es único y distinto.

Confunde sus propias metas con las de el y es incapaz de encontrar reposo. Cree que si no se encarga personalmente de las cosas, de seguro les espera algún desastre. Ve a sus hijos como extensiones de ellos mismos y están íntimamente ligados a ellos.

Creen que los demás y que aun sus propias padres “interiorizados” los evalúan por medio del niño. Por todo esto agobian a sus hijos y les dan muy poca libertad personal. Pero, a causa del peso que tienen que soportar y del sentimiento de que se juzga constantemente y que es similar al del escolar de bajo rendimiento, y también abriga un gran resentimiento reprimido, el cual, por lo general se expresa como irritabilidad.

Los padres sobre protectores se caracterizan por irritarse a causa de cualquier trivialidad y por comportamiento autoritario hacia los demás. La capacidad de mando y autoridad que fluye de la auto confianza es muy diferente al deseo de dominar, el cual se basa en la inseguridad y la irritabilidad nerviosa.

Los hijos de los padres sobre protectores se tornan muy dependientes, pero al mismo tiempo resisten profundamente estas necesidades de dependencia. La resisten porque, en otro nivel los padres le exigen que muestre iniciativa e independencia. Estos padres no pueden apreciar la relación entre su agobiadora actitud y la falta de auto confianza de su hijo. Quieren siempre que se adopte sus actitudes, que se acepten sus opiniones, que se consideren sus ideas como las mejores y, en general, ser el “jefe”. Hacen que su hijo sienta que es inútil competir con su eficiencia magnifica, “segura de si”.

Aunque la sobreprotección puede ser eficiente. Se distingue mucho de estar auténticamente segura de si misma. Su necesidad de controlar se deriva de tenaces dudas internas acerca de su propia identidad. Su orgullo es inquebrantable y cree que debe ser “mejor”.

Las razones por las que llega al rendimiento insuficiente esta en que su falta de auto seguridad no llega a cubrir el área de las funciones intelectuales. Confía en su inteligencia y sabe que puede realizar trabajos aceptables y tal vez excelentes. Su falta de auto seguridad esta relacionada con un sentimiento general de que algo “terrible” sucederá, a menos que se mantenga “alerta” y siempre vigila y supervisa.

Su auto confianza esta ligada a su abrumador sentimiento de tener que vivir y soportar las tareas de rutina cotidiana. No puede descansar y ve la vida como una serie de desafíos que debe afrontar. En un nivel mas profundo, sus dificultades incluyen cierta suma de ira y resentimientos inconscientemente inaceptables, y la incapacidad de alcanzar cierto sentido independiente de identidad. Con frecuencia es necesario, aunque difícil, someter a los padres sobre-protectores a tratamiento psicoterapéutico.

El niño hijo de padres sobre protectores no se consideran así mismos unos niños completos, únicos e independientes. Siempre se preguntan si pueden hacer determinado trabajo “lo suficientemente bien”. Él es un esclavo psicológico ante un dictador, cuyos mandatos llevan impresos dentro de la cabeza. Ha localizado la fuente devaluación de cualquier acción o tendencia en otro sistema nervioso (el de sus padres) y no en el suyo. Por ello, muy pocos de sus actos se realizan de modo armonioso y sin conflictos. Este mismo fenómeno contribuye a su sentimiento de inquietud y de frustración.


- Padres incompatibles

Cuando los padres no se llevan bien, la seguridad del niño se ve amenazada. Sus valores personales de fortaleza le fallan y puede desarrollar muchas reacciones negativas, una de las cuales puede ser el rendimiento insuficiente.

Depende de un mundo adulto estable el cual es posible imitar, para fortalecer sus recursos internos. Cuando ve que sus padres no se toleran entre si, pierde gran parte de su fe y confianza en el mundo adulto en general, pero en si mismo en particular.

En estos casos es donde se ve que algunas de las formas en las que las malas relaciones maritales pueden afectar el rendimiento del niño, por ejemplo:

1) Los padres pueden utilizar al niño como “Peón” de sus batallas. Algunos se dan cuenta de que sus relaciones maritales son defectuosas, pero tienen miedo de reconocerlo. Uno o ambos pueden ser dependientes. Cuando tienen temor a relevar el conflicto, tal vez usen al hijo como blanco sustituto de su venganza.

Cada uno puede dispersar sus propias frustraciones en el niño. La madre grita al niño cuando, en realidad, lo que quiere es gritarle al marido. Tal vez uno u otro quiera tener al niño de su lado.

De este modo, puede llegar a desarrollarse en silencio, un sutil conflicto interno. No existe oposición directa entre los padres pero una secreta fuerza maligna afecta al hijo. Esta situación “secreta” resulta tan perjudicial como si discutieran abiertamente y se insultaran recíprocamente.

2) Cuando los padres discuten en voz alta mencionan a menudo el nombre del hijo y así lo culpan muchas veces por el conflicto que se desarrolla.

3) Es común que un padre deteste cada uno de los rasgos de su hijo que lo asemejan a la odiada pareja. Tal vez el hijo coma, hable o camine de cierto modo o haga algo que recuerda algún rasgo del compañero o compañera, uno de ellos puede castigar al niño inconscientemente por esa razón.

Si el niño percibe alguna división entre sus padres se aterroriza, y es posible que su rendimiento escolar decaiga repentinamente. ¿Qué expresa el niño con este rendimiento deficiente? Alguna de las siguientes puede ser la respuesta.

1) El rendimiento insuficiente puede ser un grito inconsciente de protesta llevado hasta el área donde espera que los padres lo adviertan: el trabajo escolar.

2) El rendimiento insuficiente puede ser una demanda de que los padres cesen las hostilidades y vuelvan a ser, para el, fuentes de sustentación, amparo y amor.

3) El rendimiento insuficiente puede representar la ansiosa petición del niño de que los padres se reconcilien precisamente a causa de la propia perturbación del chico. Muchos se dan cuenta de que un enemigo común puede hacer que dos enemigos potenciales se unan para ataracear a ese enemigo.

4) Este es el más generalizado y se relaciona con todos los demás. El rendimiento deficiente refleja la reducción de la autosuficiencia del niño y su angustiosa inseguridad. El quiere manifestar estos temores a sus padres, pero, por muchas razones, no puede hacerlo abiertamente. Por lo común, el rendimiento deficiente refleja todo lo anterior. Es la forma en la que atrae la atención hacia sus angustiosas preocupaciones.

- Padres desafiantes

Los padres que guardan resentimiento hacia la autoridad, probablemente tuvieron padres que no podían tolerar las expresiones de ira, de allí se derivaron las dificultades pasivo agresivas, en el futuro padre del niño con rendimiento insuficiente.

Estos padres temen expresar abiertamente sus resentimientos. Y ello contribuye al desarrollo del individuo pasivo agresivo. En el caso de algunos padres, el resentimiento a la autoridad se convierte en motivo supremo.

Este sujeto puede decidirse a combatir contra la escuela a la que su hijo asiste. Se asegurara inconscientemente de que su hijo asiste. Se asegurara inconscientemente de que su hijo sea un fracaso para que no pueda combatir con el.

Consecuentemente ese padre se niega a creer que su hijo tenga un problema de aprendizaje, en lugar de ello, algo debe marchar mal con la escuela o la maestra. El padre comunica esta a idea al niño. El niño esta dispuesto a culpar a la escuela. En realidad nada gustaría más al chico que salir de ese problema en que lo ha metido su mal rendimiento.

Este tipo de padre refuerza en el niño la búsqueda de un escape ineficiente ya en incubación. Ambos se alían contra la escuela y se inician las largas e insensatas discusiones entre el padre, y la batalla continua. Se olvida al niño. El padre quiere ganar y el personal docente lo mismo.

- Padres autoritarios

Los padres autoritarios tratan de controlar el comportamiento y las actitudes de sus hijos y los hacen ajustarse a un estándar de conducta. Autoritarismo, significa imposición inflexible de normas de disciplina, sin tomar en cuenta la edad del niño, sus características y circunstancias son padres que valoran y exigen la obediencia incondicional y castigan enérgicamente a sus hijos, por actuar en forma contraria a sus estándares.

El padre que emplea este estilo se caracteriza por ser absorbente y centrar la atención del hijo en sí mismo, produciendo individuos dominados por la ley, la autoridad y el orden, reprimiendo en los niños, la capacidad de iniciativa y creación y todo aquello que implique modificar o atente contra estos lineamientos básicos que el cree que son los que deben respetarse.

Los padres autoritarios, tienen patrones rígidos de conducta, y su efecto más negativo es que no toman en cuenta las necesidades de sus hijos, a veces llegan hasta el castigo físico sin darles una explicación de por qué los castigan.

Cuesta mucho sacar a la superficie en esta forma de paternidad, lo que atañe a los sentimientos y las emociones, no porque talvez no lo sientan, sino porque no pueden conectarse con ello, y por ende no pueden conectarse con sus hijos desde otro lugar que el señalado. Los niños captan rápidamente que para que el papá los quiera deben cumplir y acatar lo que el exige.

Normalmente los niños que tiene padres autoritarios son, desobedientes, problemáticos, nerviosos, entre otros. Los niños que tienen padres autoritarios tienden a tener logros escolares pobres ya que la presión que ejercen los padres, a través de los golpes y regaños causan en él inseguridad, temor, reprimen la iniciativa y la creatividad y no pueden desarrollar plenamente sus capacidades, también tienden a tener problemas de hiperactividad y desobediencia.

En general tienden a ser introvertidos, con propensión a aislarse, inseguros, tienen una baja autoestima, son impopulares, muestran dependencia hacia el padre que los golpea, prefieren ser golpeados a ignorados. Los niños se vuelven agresivos, hostiles y las niñas pasivas, introvertidas, inseguras, irritables e inadaptadas sociales.

- Padres permisivos

Los padres permisivos exigen menos y permiten a los niños regir sus propias actividades, no son exigentes, ni controladores, son relativamente cariñosos con sus hijos y casi nunca los castigan. Los padres permisivos se sienten inseguros con su rol como padres, tiene poco control sobre sus hijos y no consideran necesario castigarlos. En este caso es el niño es el que tiene el control y los padres se doblegan ante sus caprichos

Los niños de padres permisivos tienden a ser indulgentes, inadaptados sociales, destructivos, generalmente son los menos auto controlados, tienen logros escolares bajos, agresivos, inmaduros, mentirosos, desobedientes, inseguros, inadaptados, con baja autoestima y frustrados. En ocasiones cuando la permisividad se mezcla con hostilidad puede llevar a los niños a la delincuencia.


4.4 Intervención psicopedagógica para el trabajo de la vida emocional de los niños

4.4.1 ¿Cómo hacer que el niño se interese por el buen rendimiento?

Considerando que la confianza saludable en uno mismo es más “importante” en lo que respecta al aprendizaje que los métodos particulares de estudio. Si la auto confianza del niño es muy poca, los “hábitos” de estudio serán de escasa utilidad. No se debe olvidar que se refiere a la auto confianza del niño como persona capaz de rendir normalmente. No se refiere a la confianza que pueda o tener con respecto a sus relaciones con sus parientes, sus compañeros, entre otros.

La mayoría de los niños tienen cierta innata curiosidad positiva. Cuando el niño básicamente inteligente carece de esa característica, algo ha inhibido a este “talento” natural. Además de enseñar al niño de bajo rendimiento métodos óptimos de estudio, existe una secuencia positiva de conducta que “producirá” a un sujeto de buen rendimiento. Se tiene que añadir dos condiciones más.

Los padres deben proporcionar una atmósfera “intelectual” de curiosidad positiva en el hogar. Pero, además, el niño debe querer y admirar a sus padres lo suficiente como para identificarse con ellos y, por lo tanto, imitarlos. Ninguna de estas condiciones por si solas es tan poderosa como la combinación de ambas.

Para redondear el programa, los padres deben subrayar con cierta gentileza el placer que produce el trabajo por si mismo y restar importancia al hecho de trabajar bien para agradar, halagar u obtener el afecto de los padres. El niño deberá llegar a gozar del hecho de trabajar por si mismo, y no del premio psicológico derivado de ello por ejemplo los elogios de los padres.

Los padres deben estar alerta y deben interesarse por las cosas. Deben valorar su propio buen rendimiento, pero no presionar directamente al niño para que haga lo mismo. La maestra más eficaz logra que el niño desee imitarla sin tener que valerse de la presión, sino despertando la admiración del alumno.

En esta forma, el niño no sólo se siente fascinado con el trabajo mismo, sino que quiere también obtener la aprobación y el reconocimiento de su admirada maestra. El niño desea que se le admita en lo que el considera la gran compañía de su maestro o de sus padres, si es que estos predican con el ejemplo.

Si se le provee de una atmósfera positiva, el niño imitara naturalmente lo que admira. Si se siente presionado para vivir este tipo de vida, se resistirá, pero debe sentirse desafiado intelectualmente por sus padres.

La clave esta en que no debe sentir que se le ordena rendir. Los padres deben comunicarle, por medio de palabras o acciones, la diversión que los logros intelectuales les proporcionan.

Si los padres son personas aburridas, que dependen de ciertos medios “pasivos”, el cine o la televisión, por ejemplo, como únicos recursos de diversión, si se sientan sin hablar ni pensar, no existe ninguna razón para esperar que el niño sea diferente a ellos.

Tal vez el niño sea diferente, pero si se espera bajo tales condiciones, se correría un riesgo. Los niños copian e imitan lo que ven. Hay un viejo dicho que algunos padres repiten a sus hijos: “No hagas lo que yo hago, sino lo que digo”. Esto resulta muy rara vez.

Los niños, especialmente si son inteligentes, no harán lo que se les dicen, sino lo que vean. Si un niño no ve a sus padres como personas inteligentes y alerta, lo mas probable, a pesar de lo que le ordenen verbalmente, será que no resulte un escolar inteligente o alerta.

Los maestros más eficaces nunca presionan a los niños para que aprendan algo. Simplemente, actúan manteniéndose alerta. Conocen a fondo las materias que enseñan. Sus alumnos los admiran y tratan de imitarlos. Debe alentarse al niño a interesarse por el trabajo en concreto o por la relación de ese trabajo en si, y no en la reacción psicológica que de ello se deriva, como, por ejemplo, el afecto o las alabanzas de los padres.


4.4.2 ¿Que deben hacer los padres cuando su hijo es un escolar de bajo rendimiento?


Cuando los padres tengan motivos para pensar que uno de sus hijos es un escolar de bajo rendimiento, están indicadas las pruebas psicológicas individuales. No se aconseja que las realice un miembro del personal escolar. No se quiere insinuar que haya incompetencia al respecto entre dicho equipo, pero los problemas del escolar están íntimamente ligados a la misma realidad física de la escuela.

Las pruebas realizadas dentro de la escuela tienden a subestimar y aún a distorsionar las aptitudes del niño. Uno de los componentes principales de las dificultades del escolar es la falta de auto confianza.

El niño se siente particularmente inseguro de si mismo cuando se halla en la escuela, se pone tenso y su trabajo lo refleja. Seria difícil llegar a obtener una evaluación fiel de las capacidades potenciales del niño, si las pruebas se realizan dentro del edificio escolar.

En forma similar, la puntuación obtenida en las pruebas de los niños seguros refleja probablemente mucho mejor las capacidades potenciales que la puntuación de los inseguros.

La puntuación de las pruebas realizadas en las escuelas refleja las capacidades utilizables de todos los examinados. Es decir, si un escolar de bajo rendimiento, pero con potencial inteligente, hace una prueba y obtiene una puntuación mediocre, esta reflejara la eficiencia común de su desempeño y muestra que su trabajo es mas bien mediocre.

Sin embargo, es muy probable que esta batería de pruebas no refleje las capacidades potenciales del niño, es decir, las que podrían desarrollar si los conflictos emocionales no les restaran confianza.

Por otra parte, cuando él esta seguro de si, y realiza una batería de pruebas en la escuela, su puntuación podrá mostrar tanto sus capacidades potenciales como las utilizables.

Muchas de estas dificultades podrían evitarse si los sitios para las pruebas psicológicas estuvieran separados del resto del edificio escolar, y se hiciera todo lo necesario para desligar al psicólogo del sistema escolar en cuanto corresponde a la mente del niño.

Existe otra razón práctica por lo que las pruebas individuales no deben hacerse en las escuelas, la mayoría de los planteles carece de suficiente personal capacitado al respecto. Esta situación cambia rápidamente, pero todavía le falta mucho por hacer acerca de esta tarea.

4.4.3 ¿Que deben hacer las escuelas para ayudar a los niños con bajo rendimiento?


Las escuelas juegan un papel muy importante en el desarrollo de los niños, tanto psicológico como educativo, es necesario que tengan un psicólogo de planta en la institución para atender este tipo de problemas y así poder ayudar de una manera más profesional a los alumnos, y por lo tanto formar niños más completos, es decir, con una identidad consolidada, buena autoestima, seguros de si mismos, entre otros aspectos.

4.5 TALLERES

- Taller de motivación (Intrínseca y extrínseca)

Una de las necesidades que como seres humanos se pueden experimentar desde el momento en que se toma conciencia del YO individual y de la realidad, es tratar de comprender la naturaleza de las emociones, su relación con el pensamiento racional y el modo en que ambas dimensiones interactúan y condicionan los actos.

En psicología la motivación son las cosas que mueven a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación. De acuerdo con Gómez, S. (2003) la motivación no es un concepto sencillo, es difícil describir el impulso que existe detrás de un comportamiento. La motivación de cualquier organismo, incluso del más sencillo, sólo se comprende parcialmente, implica necesidades, deseos, tensiones, incomodidades y expectativas.

El comportamiento subyacente es movimiento, un presionar o jalar hacia la acción. Esto implica que existe algún desequilibrio o insatisfacción dentro de la relación existente entre el individuo y su medio, identifica las metas y siente la necesidad de llevar a cabo determinado comportamiento que llevará hacia el logro de esas metas.

Motivación Intrínseca

Es intrínseca, cuando la persona fija su interés por el estudio o trabajo, demostrando siempre superación y personalidad en la obtención de sus fines, sus aspiraciones y sus metas. Esta definida por el hecho de realizar una actividad por el placer y la satisfacción que uno experimenta mientras aprende, explora o trata de entender algo nuevo.

Motivación Extrínseca

Es extrínseca cuando el alumno sólo trata de aprender no tanto porque le gusta la asignatura o carrera si no por las ventajas que ésta ofrece.
Contraria a la motivación Intrínseca, la motivación extrínseca pertenece a una amplia variedad de conductas las cuales son medios para llegar a un fin, y no el fin en sí mismas.

Hay tres tipos de motivación extrínseca:

Regulación externa: La conducta es regulada a través de medios externos tales como premios y castigos. Por ejemplo: un estudiante puede decir, "Estudio la noche antes del examen porque mis padres me fuerzan a hacerlo".

Regulación introyectada: El individuo comienza a internalizar las razones para sus acciones pero esta internalización no es verdaderamente autodeterminada, puesto que está limitada a la internalización de pasadas contingencias externas. Por ejemplo: "Estudiaré para este examen porque el examen anterior lo reprobé por no estudiar".

Identificación: Es la medida en que la conducta es juzgada importante para el individuo, especialmente lo que percibe como escogido por él mismo, entonces la internalización de motivos extrínsecos se regula a través de identificación. Por ejemplo: "Decidí estudiar anoche porque es algo importante para mí".

- Taller de autoestima

En psicología, la autoestima o auto apreciación es la opinión emocional profunda que los individuos tienen de sí mismos, y que sobrepasa en sus causas la racionalización y la lógica de dicho individuo.

El concepto de autoestima ha tenido papeles preponderantes en la toma de decisiones en ciertos sistemas educativos. En particular, a principios de la década de 1990, en Estados Unidos, la autoestima se convirtió en un concepto popular entre algunos teóricos de la pedagogía.

La teoría propuesta en ese entonces, era que la autoestima es una causa de las actitudes constructivas en los individuos, y no su consecuencia. Por ejemplo, un estudiante tiene buena autoestima, entonces tendría buenos resultados académicos.

En esta corriente encontramos a autores como Goleman que apoyan que la autoestima influye en el desarrollo del coeficiente intelectual. Esta teoría adquirió un gran renombre e influencia entre los responsables del sistema educativo estadounidense, pero con escasa o nula validación estadística y revisión científica.

Y sin embargo, a pesar de la carencia de pruebas de tales afirmaciones, los efectos en la forma de estructurar los planes de estudio y los cursos fueron muy importantes. La idea de promover la autoestima de los estudiantes, llevó en algunos lugares a la supresión de cualquier medida utilizada para distinguir a los mejores estudiantes, para no afectar la autoestima de los que no obtenían buenas notas. Medidas que por lo general obtuvieron resultados contrarios a los que buscaban, al no incentivar el desempeño sino la uniformidad.

Actualmente se ha evidenciado que la promoción de la autoestima, como base de un buen desempeño escolar, es en la mayoría de los casos contraproducente y en ocasiones, negativa.

Características de una persona con alta autoestima

· Asume responsabilidades
· Se siente orgulloso de sus éxitos
· Afronta nuevas metas con optimismo
· Se cambia a sí misma positivamente
· Se quiere y se respeta a sí mismo
· Rechaza las actitudes negativas
· Expresa sinceridad en toda demostración de afecto
· Se ama a sí mismo tal como es
· No es envidioso

Características de una persona con baja autoestima

· Desprecia sus dones
· Se deja influir por los demás
· No es amable consigo mismo
· Se siente impotente
· Actúa a la defensiva
· Culpa a los demás por sus faltas y debilidades
· No se quiere y no respeta su cuerpo

- Taller de sexualidad

Se propone un taller de sexualidad a los alumnos, ya que es una parte importante de su educación y formación en esa etapa de la vida. Con el taller se propone que los niños puedan recibir información fácil de comprender y que lo apliquen en la vida diaria, para así orientarlos ampliamente.

En la sexualidad humana pueden distinguirse aspectos relacionados con la salud, el placer, legales, religiosos, entre otros. El concepto de sexualidad comprende tanto el impulso sexual, dirigido al goce inmediato y a la reproducción, como los diferentes aspectos de la relación psicológica con el propio cuerpo, es decir sentirse hombre, mujer o ambos a la vez y de las expectativas de rol social.

En la vida cotidiana, la sexualidad cumple un papel muy destacado ya que, desde el punto de vista emotivo y de la relación entre las personas, va mucho más allá de la finalidad reproductiva y de las normas o sanciones que estipula la sociedad.

Además de la unión sexual y emocional entre personas de diferente sexo (heterosexualidad), existen relaciones entre personas del mismo sexo (homosexualidad) que aunque tengan una larga tradición en algunos sectores siguen siendo valoradas en la actualidad negativamente y hasta son causa de discriminación social.

La identidad sexual es la conciencia propia e inmutable de pertenecer a un sexo u otro, es decir, ser varón o mujer. En la definición de la identidad sexual están implicados muchos factores, entre los que podemos destacar el psicológico, social y biológico.

- Taller de adicciones

Los jóvenes deben tener una buena formación en este campo, un conocimiento objetivo y claro sobre los efectos de las drogas. Sin duda, la educación es lo fundamental, responsabilidad de padres, profesores y todos los relacionados. Y a la educación, unir la prevención, como medidas más acertadas, para que los niños aprendan a hacer un uso y un consumo responsable.

El taller de adicciones es fundamental para dar información y crear conciencia en este sentido, es importante mencionar que se debe hacer una dinámica diferente para brindarles esta información a los niños, ya que a lo largo de los años se ocupa la misma estrategia de dar a conocer aspectos nuevos, se utilizan métodos aburridos y comunes. Se tienen que crear nuevas estrategias y formas de enseñar las cosas importantes para que tengan un mejor resultado, es decir cumplan realmente su objetivo.

- Taller de la consolidación de la identidad

La búsqueda de identidad, su crisis y su pérdida constituyen un centro de preocupación e investigación actual. El individuo, el grupo, las sociedades tradicionales o industriales aspiran a coincidir nuevamente con su propio ser. El tema de la identidad afecta a todas las sociedades y a casi todas las disciplinas.

La identidad es una necesidad básica del ser humano. Poder responder a la pregunta de ¿Quién soy yo? es tan necesario como el afecto o el alimentarnos.

Erich Fromm plantea que "Esta necesidad de un sentimiento de identidad es tan vital e imperativa, que el hombre no podría estar sano si no encontrara algún modo de satisfacerla".

De acuerdo con lo que él expone, la identidad es una necesidad afectiva "sentimiento", cognitiva "conciencia de sí mismo y del otro, como personas diferentes" y activa, ya que el ser humano tiene que "tomar decisiones" haciendo uso de su libertad y voluntad. La identidad es como el sello de la personalidad.

Se puede afirmar, entonces, que la identidad tiene que ver con la historia de vida, que será influida por el concepto de mundo que se tiene y por el concepto de mundo que predomina en la época y lugar en donde se vive. Por lo tanto, hay en este concepto un cruce individuo-grupo-sociedad, por un lado, y de la historia personal con la historia social, por otro.

- Taller de búsqueda de principios y valores

Se ha podido constatar que la conducta de los niños puede verse afectada por el debilitamiento de los valores morales, por lo tanto se debe atender a la formación, fortalecimiento y desarrollo de los valores en las nuevas generaciones.

La formación de valores es una tarea pedagógica que debe asumir la familia, la escuela y otras instituciones socializadoras. El inculcar valores es un proceso constante, con una importancia inimaginable. Los padres pueden comenzar a inculcar valores cuando los niños son pequeños, continuar con el proceso a través de la escuela, e ir más allá.

Es importante crear un taller de búsqueda de principios y valores en las escuelas, para así poder dar seguimiento a lo que se enseña en casa y con eso darles herramientas a los niños para ampliar su visión de la vida. No se trata de formar niños “buenos” o “malos” simplemente darles información, ampliar su mirada, hacerlos más concientes e independientes para que pueden elegir en un futuro lo que más les convenga.


- Taller sobre el desarrollo de la auto-confianza

Desde que están pequeños se tiene que enseñarles a los niños que valen por lo que son y no por su apariencia o logros. Se debe cultivar en ellos una buena autoestima, ya que de esta manera aprenderán a valorarse y quererse conforme crecen. De acuerdo con la Doctora. Laura Álvarez, psicóloga clínica de Enfoque a la Familia. La autoestima se define como el auto concepto que se tenga de sí mismo.

El ambiente educativo y familiar son muy importantes para la determinación del nivel de autoestima de un niño. Por ejemplo, las expectativas de los padres muchas veces no se adecuan a la realidad de los hijos, creando sentimientos y pensamientos negativos hacia ellos, que deterioran su auto imagen.

Una adecuada autoestima fortalece la personalidad del niño y le provee de actitudes adecuadas para enfrentar los problemas. Tiene más posibilidades de ser productivo, capaz y eficiente, lo que le permitirá alcanzar las metas que se proponga. El éxito escolar y humano de niños y niñas depende fundamentalmente de la imagen que tienen de sí mismos y de su confianza en su propia valía.

- Taller sobre el desarrollo del autocontrol

El autocontrol es la habilidad de manejar los impulsos, las emociones más básicas que son el amor, la rabia, el miedo, el dolor y la tristeza. De estas cinco emociones primarias, derivan el resto, como la ansiedad, la agresividad, la melancolía y el pesimismo.

Mientras más pequeños los niños, menos desarrollado se encuentra el autocontrol. El controlar las emociones va de la mano con la madurez. En la zona pre-frontal del cerebro está el "administrador" de las emociones, que se supone va madurando alrededor de los 6 años. "Uno sabe que al niño menor de 6 años no se le puede pedir demasiado autocontrol, pero este se puede ir modelando, educando, manejando".

Todo esto depende de cada niño. Las pautas madurativas son diferentes, pero lo importante es que, por un lado, los padres sepan que no le pueden pedir mucho al niño muy pequeño y por otro, no apurar una madurez que tiene su propio ritmo.

Los niveles de aprendizaje, desarrollo y éxito escolar de los niños dependen de varios factores, como la salud del niño, su bienestar físico, su preparación social y emocional, y sus destrezas de lenguaje, así como su conocimiento general sobre el mundo.

El déficit de autocontrol puede causar gran número de psicopatologías. Es por ello que la enseñanza del autocontrol en etapas tempranas de la vida es de suma importancia. El entrenamiento debe adecuarse con tiempo y nivel apropiados para que las experiencias resulten exitosas, de lo contrario, se produciría un retroceso en lugar de un avance.

Los niños necesitan ser guiados por los adultos para que aprendan cómo realizar lo que desean de la manera más adecuada. Es fundamental establecer reglas para fortalecer conductas y lograr su crecimiento personal. Los límites deben basarse en las necesidades de los niños.

Es significativo tener presente que loo que se limita es la conducta, no los sentimientos que la acompañan. A un niño se le puede solicitar que no haga alguna cosa, pero nunca se le puede pedir que no sienta algo o impedirle una emoción o sentimiento.

Los límites deben fijarse de manera que no afecten el respeto y la autoestima del niño. Se trata de poner límites sin que el niño se sienta humillado, ridiculizado o ignorado.

- Taller sobre identificación y expresión de emociones

Una conducta socialmente habilidosa se define como un conjunto de conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal que expresa sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de ese individuo de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás y resolviendo de inmediato los problemas surgidos en una situación determinada minimizando la probabilidad de futuros problemas.

Es significativo que los niños desde pequeños aprendan a identificar sus emociones y a expresarlas, ya que eso les servirá positivamente en el desempeño de cualquier actividad, ya sea personal, familiar, escolar, entre otros.
La capacidad para expresar y reconocer expresiones es fundamental para la cognición social. El lenguaje es básico para regular la conducta social pero las emociones lo son aun más. Las emociones preparan a las personas para un enfrentamiento y también tienen una función social.



CONCLUSIÓN

El bajo rendimiento escolar es uno de los problemas que más preocupan a padres y maestros. El problema del rendimiento académico ocupa la atención de todos los que se encuentran vinculados a las tareas educativas. Gran parte de los esfuerzos que educadores y alumnos realizan, van encaminados a la optimización del desarrollo y de los resultados en el proceso de aprendizaje.

Son muchos los factores que condicionan los resultados académicos, tanto los individuos como de los grupos. Se han multiplicado los estudios dirigidos a identificar, analizar y cuantificar la importancia de unos y otros factores en la obtención de resultados del aprendizaje

El estado emocional juega un papel muy importante de acuerdo con el bajo rendimiento escolar, ya que en el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que se utilizan para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en el que se percibe dicha situación, por lo tanto cuando los niños no están bien emocionalmente se les dificulta realizar las actividades cotidianas, entre ellas las escolares y por consiguiente tendrá un bajo rendimiento escolar.

Las teorías de la regulación de los afectos y la investigación en las emociones se han diversificado considerablemente en los últimos veinte años. Las principales conclusiones que pueden obtenerse de las mismas son las siguientes:

a) Los procesos emocionales están profundamente involucrados en la dirección de los procesos cognitivos: la atención, todos los actos perceptivos, el aprendizaje y la memoria.

b) El desarrollo emocional es funcionalmente inseparable de los patrones de experiencias psico sociales en todas las edades.

c) La personalidad y la identidad personal son fundamentalmente de naturaleza emocional.
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